Comentario al evangelio de la Solemnidad de todos los Santos. 

CICLO A

1 de noviembre de 2026

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     5,1-12
    Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de Transjordania.
    Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
    «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
    Felices los afligidos, porque serán consolados.
    Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
    Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
    Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
    Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
    Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
    Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
    Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
    Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».

Palabra del Señor.

 

Este año, la solemnidad de todos los santos coincide con el domingo, la liturgia nos presenta para nuestra contemplación el pasaje comúnmente conocido como “las bienaventuranzas” o “sermón de la montaña”. Este mismo Evangelio se proclamó este año el IV domingo del tiempo común, el 1 de febrero.

La Conferencia Episcopal Argentina estableció para este día la Jornada nacional de oración por la santificación del pueblo argentino y la glorificación de sus siervos de Dios.

Jesús habla a sus discípulos, y hoy a nosotros, presentándonos un proyecto de vida. Recordemos que el evangelista Mateo escribe para su comunidad de origen judío. Quien subió a la montaña para recibir de Dios la Ley, fue Moisés. A partir de ese momento los fugitivos de Egipto, se convirtieron en el Pueblo de Dios. La intención de Mateo es presentar a Jesús, que es mucho más que Moisés, para ello establece un paralelo ubicando al Señor en la montaña, dando la nueva Ley que es plenitud de la primera.

Sube a la montaña y entrega los mandamientos que nos llevaran a la tierra prometida de la felicidad sin fin. Se sienta y lo hace de una forma solemne, porque tiene que comunicar algo fundamental.

Las bienaventuranzas reflejan la vida misma de ese Jesús a quien seguimos. Nos revelan, por lo tanto, lo que cada uno de nosotros estamos llamados a vivir. Ellas nos trazan un camino distinto a lo que muchas veces nuestra lógica humana, herida por el pecado, nos propone, a primera vista chocan con los criterios del mundo. Pero nos invitan a la confianza total en Dios, dando a quien las vive la total libertad de los hijos de Dios. Nos invitan a poner la mirada en la meta final, que es el encuentro pleno con el Padre, y no a logros a corto plazo muchas veces efímeros. Son una invitación a una continua conversión.

Para vivir este programa es fundamental la gracia de Dios.

Pobre es el que es consciente que su vida depende totalmente de Dios. De hecho, nadie en este mundo puede agregar un segundo a su vida, la vida misma es don de Dios, estamos en la palma de su mano, pobre es el que reconoce sus dones, pero sabe de dónde y de quien vienen. Se deja amar, perdonar y sanar por el amor del Padre. Es el que sabe compartir lo que es y lo que tiene. Es lo que lo hace feliz.

Es feliz el que es capaz de salir de si mismo, para ponerse en el lugar del otro, no para quedarse en un sentimentalismo, sino para acompañar, sostener, ayudar, atento a las necesidades de los demás.

Es paciente el que sin desentenderse de lo que pasa, no le dice a Dios lo que tiene que hacer, cómo y cuándo. Pone de su parte, pero deja que Dios actúe en la historia. No apura los tiempos, sabe esperar que se desarrolle el proceso que sea necesario. No se pone en el lugar de Dios, deja que Dios sea Dios.

Es feliz el que no se calla ante la injusticia, el que denuncia el mal sin juzgar el corazón del hermano; el que no condena al otro, sino que busca su salvación, su redención. Esta es la auténtica misericordia que hace de nuestro corazón, un corazón semejante al de Jesús.

Es feliz el de corazón puro que no mira al otro pensando en aprovecharse de él, buscando su utilidad. El que se vacía de la esclavitud de la autosatisfacción egoísta.

Es feliz el que construye vínculos de paz, el que acoge la paz de Dios y la transmite generando vínculos cargados de vida y resurrección.

Es feliz el que por practicar la justicia no busca quedar bien con todos, ser políticamente correcto, vivir del aplauso; salvar su propio pellejo, aunque implique complicidad con la mentira.

Es feliz el que asume ser incomprendido, perseguido, criticado por anunciar la verdad que salva a todos.

Que la gracia de Dios nos anime y fortalezca para vivir el proyecto de vida que Jesús tiene para nosotros.

Bendecido domingo para todos.

P. Rubén Fuhr, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

  


SALMO     Sal 23, 1-6

R. ¡Benditos los que buscan al Señor!

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque Él la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias y puro el corazón;
el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente. R.

Él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.