Comentario al evangelio del XXX domingo durante el año

CICLO A

24 de octubre de 2026

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     22, 34-40

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?»

Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor.

 

Hace varios domingos vemos a Jesús dialogando en el atrio del templo de Jerusalén con los distintos grupos sociales y religiosos del judaísmo, con cada uno de ellos tiene una polémica, conociendo que lo que buscan es ponerlo a prueba.

Entre el texto que se proclamó el domingo pasado y este domingo, se encuentra una intervención de los saduceos que se omite este año en la liturgia, donde el problema presentado por éstos, era el de le resurrección de los muertos, que ellos niegan. Luego de ese episodio vuelven a la carga los fariseos, preocupados por la ley. Algunos maestros de ellos habían llegado a contar en la Biblia 613 mandamientos, 365 que prohibían y 248 que obligaban a ciertas cosas. Ya otros autores sagrados se habían preocupado por encontrar el o los mandamientos más importantes. El salmista que dirá que para entrar en la presencia del Señor hay que tener las manos limpias, el corazón puro, no rendir culto a los dioses paganos y no jurar en falso. O el profeta que resume la ley de Dios en practicar la justicia, obrar con lealtad y ser humilde. Otro autor resume la Ley en no hacer a los demás lo que no te agrada a ti.

Jesús resume la Ley y los profetas en dos, ese amor a Dios involucra toda la persona humana, sin dejar afuera ningún aspecto. Y con el segundo mandamiento nos demuestra que no se trata de una relación intimista con Dios, al decir de san Juan quien dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano, a quien ve es un mentiroso. Amar a Dios no se puede separar del amor al prójimo.

La respuesta que da Jesús se encuentra en el libro del Deuteronomio, y en el libro del Levítico. El primero de ellos, los judíos piadosos lo recitan tres veces al día, los fariseos lo conocían muy bien.

Es interesante ver que Jesús no les responde con prescripciones litúrgicas ni de pureza, que tanto les preocupaba a los fariseos, sino con el modo de relacionarnos con el prójimo.

Al decir de san Juan de la Cruz, “en el atardecer de la vida seremos examinados en el amor”.

Amor que requiere diálogo, escucha, para conocer cuáles son las necesidades o los anhelos del otro, porque, a veces creemos que amamos y ahogamos. Amor que implica alentar, promover, proteger, así como también poner límites, ya que no es amor permitir al otro actitudes que pueden provocarle daño a sí mismo, o herirnos a nosotros. El sí y el no en el momento justo también son parte de la dinámica del amor.

Nuestra tarea para el hogar será examinar nuestro modo de relacionarnos con Dios y con los demás. Mirando nuestra propia vida en el espejo de Jesús, modelo del amor perfecto, que supo tener entrañas de misericordia y perdón, así como firmeza y claridad cuando tuvo que desenmascarar a alguno, con palabras suaves en alguna oportunidad y muy duras en otras, amando en cada una de ellas.

Que su gracia nos ilumine y nos enseñe a tener un corazón semejante al suyo.

Bendecido domingo.

 

P. Rubén Fuhr, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 


SALMO RESPONSORIAL     Sal 17, 2-4. 47. 51ab

R. Yo te amo, Señor, mi fortaleza.

Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. R.

Mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos. R.

¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!
¡Glorificado sea el Dios de mi salvación!
Él concede grandes victorias a su rey
y trata con fidelidad a su Ungido. R.