Comentario al evangelio Ntra. Sra. de Luján

52 º Peregrinación juvenil a pie a Luján.

3 y 4 de octubre 2026

Madre, en tu abrazo

nos reconocemos hermanos.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (19, 25-27)

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.»

Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya. 

Palabra del Señor.

  

Queridas hermanas y queridos hermanos:

En el momento de la redención del pecado y de la muerte, de la reconciliación definitiva con el Padre y entre nosotros, en la hora culmen de la historia, Jesús nos mira con amor desde la cruz y nos regala a su madre como nuestra madre.

Nosotros somos esos discípulos amados a quienes hoy el Señor nos vuelve a decir: aquí tienes a tu Madre.

En esa cruz nace la nueva familia de Dios, la Iglesia, partícipes de la muerte y resurrección del Señor, celebrando en Jesús una nueva y eterna alianza de amor con el Padre y que nos hace hermanos entre nosotros.

En esa cruz, la nueva familia de Dios recibe a su Madre, la que es el signo y es realización de la Iglesia, la redimida desde la concepción, la que con su sí hace presente al mundo al que nos reconcilió para siempre con el Padre y entre nosotros.

Por eso, en esta peregrinación, en el abrazo de la Madre, nos reconocemos hermanos entre nosotros.

En este caminar al encuentro de María le queremos pedir a nuestra Madre que nos permita comprender que el camino de la unidad es el único que nos garantiza la verdadera paz.

Que nos permite entender que la persona es más importante que las ideas.

Que las diferencias se pueden entrelazar en una reciprocidad superadora de las partes.

Que el diálogo implica descubrir lo que hay de verdad en el otro y buscar juntos esa verdad.

Que María nos permita discernir con humildad y pasión por la verdad, el camino que Dios quiere para nuestro pueblo en este momento de la historia. Y que podamos compartir nuestro discernimiento, abriendo el corazón a la luz del Espíritu Santo.

Que nuestra Madre nos permita entender que tenemos que construir la amistad social para poder hacer juntos una nación en donde se viva en la alegría de la justicia y de la paz.

Que la llena de gracia nos conceda el don de abrirnos a la gracia de Dios que nos hace hermanos.

Recordando el lema de esta peregrinación: Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos, les deseamos un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

  

 SALMO                                         Lc 1, 46-48. 49-50. 51-53. 54-55 (R.: cf. 49)

R. El Señor hizo en mí maravillas:
¡gloria al Señor!

«Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz. R.

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen. R.

Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono
y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías. R.

Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham
y de su descendencia para siempre.» R