CICLO A
2 de agosto de 2026

Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 13-21
Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos».
Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos».
Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados».
«Tráiganmelos aquí», les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Palabra del Señor.
Queridas hermanas y queridos hermanos:
Jesús se entera de que su primo, Juan Bautista, había sido decapitado. Su corazón se habrá llenado de tristeza, dolor, indignación. Ante un acontecimiento de semejante crueldad, Jesús necesita estar a solas; rezar, hablar con su Padre, elaborar el dolor. Cuando llega a ese lugar de soledad, una gran muchedumbre lo estaba esperando.
Él no se queda encerrado egoístamente en su dolor. Convierte el dolor y la indignación en compromiso con el bien de los demás. Asume el anuncio del reino del amor, cuyo advenimiento preparó Juan. Sana enfermos e invita a sus discípulos a que asuman las necesidades de sus hermanos: denles ustedes mismos de comer.
Jesús se compadece ante el dolor de los demás. La compasión no es un mero sentimiento de pena, de lástima. Compadecerse es compartir la situación vivida; es aliviar, ayudar, comprometerse con el bien del otro. Jesús posterga su necesidad de estar solo y atiende el dolor que ellos llevan en sus vidas; sana ese dolor. No conforme con ello, no los deja que se retiren sin haberse alimentado.
No había pan suficiente para tanta gente. Tenían sólo cinco panes y dos pescados. Con eso poco, compartido, Jesús levanta los ojos al cielo, reza, los bendice, los parte y se los entrega a sus discípulos para que lo repartan a la gente. Les enseña a sus discípulos el camino del compartir, del ser sensible ante el dolor de los otros y a responder a ese dolor con actitudes de fraternidad.
Este signo, conocido como la multiplicación de los panes y que lo encontramos narrado en los cuatro evangelistas y en Mateo y Marcos por duplicado, es un anticipo de la eucaristía. Muchos gestos, en esta narración, preanuncian el momento en que el Señor la celebra con sus discípulos en la última cena.
La celebración eucarística pierde su sentido más hondo si no nos transforma cada día más en hombres y mujeres capaces de compartir lo que somos y tenemos.
La eucaristía es libertad porque nos saca de ese egoísmo que nos encierra en nuestro yo, que nos asfixia. Ese egoísmo que nos encierra en nuestra sed enfermiza de poseer y guardar cosas, de no poner en común lo que hemos recibido. La eucaristía es gracia porque nos enseña a invocar la bendición de un Dios providente que nos dice: busquen el reino de Dios, el reino del amor… si lo hacen, recibirán todo lo que necesiten para ser hondamente felices, amándose con el mismo amor de Jesús.
Qué bien nos hace, en este domingo y en este tiempo tan marcado por el individualismo y la pérdida de sentido del bien común, contemplar a Jesús compasivo.
Su gesto nos vuelve a decir que la Eucaristía, su Palabra anunciada y su Cuerpo y Sangre entregados por amor, son el alimento y fundamento de nuestro amor. El pan de la Palabra y el pan eucarístico, que nos reúnen en torno una misma mesa, no pueden separarse de nuestro compromiso con la justicia y la fraternidad.
Un bendecido domingo,
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina
SALMO RESPONSORIAL 144, 8-9. 15-18
R. Abres tu mano, Señor, y nos colmas de tus bienes.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas. R.
Los ojos de todos esperan en ti,
y Tú les das la comida a su tiempo;
abres tu mano y colmas de favores
a todos los vivientes. R.
El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquéllos que lo invocan de verdad. R.