CICLO A
19 de julio de 2026

El Reino de los Cielos se parece a
un hombre que sembró buena semilla.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 24-30
Jesús propuso a la gente otra parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: «Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?»
Él les respondió: «Esto lo ha hecho algún enemigo».
Los peones replicaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?»
«No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero»».
Palabra del Señor.
Queridos hermanos, queridas hermanas:
Dios sembró buenas semillas en cada uno de nosotros. Todo lo creado por él es bueno. Pero, de diversas maneras, a lo largo de nuestras vidas, el espíritu del mal fue sembrando cizaña. El mal, el pecado, se va metiendo en nuestras vidas, impidiendo que el bien se exprese en su plenitud. Esto nos impide ser felices, vivir en paz. Fuimos creados a imagen y semejanza del sumo bien que es Dios; por eso, solo viviendo en el bien y haciendo el bien, nuestra vida cobra sentido pleno.
El brote de la cizaña es muy parecido al brote del trigo; al comienzo cuesta distinguirlos. Recién cuando la cizaña crece se la puede identificar. A veces, no es fácil distinguir entre lo bueno y lo malo. Decisiones y opciones, tomadas con buena intención, pueden causar daño, aún sin quererlo. Es importante ir afinando nuestra conciencia y preguntarnos si realmente lo que hacemos es un verdadero bien para el otro. Para esto es necesario discernir qué es lo que el otro realmente está necesitando de mí; centrar nuestra motivación en su bien, en lo que Dios quiere para él. Muchas veces podemos buscar satisfacer nuestro ego, querer, inconscientemente, ejercer un protagonismo en la vida de los demás y no dejarnos mover por la gratuidad. Hacer el bien según Jesús es no buscar una recompensa por lo que hacemos.
Estamos llamados a ser hombres y mujeres de discernimiento; en donde, a la luz de la Palabra, podamos distinguir, en cada momento de nuestras vidas, por dónde pasa el bien y por dónde pasa el mal, qué es lo que el Señor quiere de nosotros y qué es lo que el Señor quiere que le entreguemos a los demás.
El verdadero bien consiste en hacer la voluntad del Padre. La meditación de la Palabra de Dios, la oración, la vida sacramental, la contemplación de Dios en lo cotidiano, el acompañamiento espiritual de alguien preparado para esto, son medios que nos ayudan a discernir la voluntad de Dios. Ser fieles a esa voluntad es nuestro verdadero bien.
Es importante, también, tener en claro que ninguna persona se identifica plenamente con el bien o plenamente con el mal. No nos toca a nosotros pronunciar sentencia sobre las personas y su tiempo de conversión. Nos toca alimentar el bien, ayudarnos unos a otros a crecer en él.
Somos invitados a la paciencia porque en todo corazón humano existe el bien y todos podemos cambiar en algún momento. No nos corresponde a nosotros poner los tiempos; estos son de Dios. Entre la siembra y la cosecha hay un largo tiempo, en el cual conviven el bien con el mal; en ese tiempo debemos animarnos en el bien unos a otros.
La corrección fraterna tiene que estar siempre motivada por la búsqueda del bien del otro y el reconocimiento de que nosotros también somos necesitados de conversión.
San Agustín dice: Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder.
Que podamos vivir la alegría de ser sembradores de buenas semillas: hombres y mujeres de bien que se comprometen en la búsqueda del bien para todos.
Un bendecido domingo,
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina
SALMO RESPONSORIAL 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a)
R. Tú, Señor, eres bueno e indulgente.
Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica! R.
Todas las naciones que has creado vendrán a postrarse delante de ti,
y glorificarán tu Nombre, Señor,
porque Tú eres grande, Dios mío,
y eres el único que hace maravillas. R.
Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,
lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,
vuelve hacia mí tu rostro
y ten piedad de mí. R.