Comentario al evangelio del XV domingo durante el año

CICLO A

12 de julio de 2026

La semilla cayó en tierra fértil y dio fruto.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     13, 1-9 

    Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces Él les habló extensamente por medio de parábolas. 

    Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!» 

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

En este capítulo trece del evangelio según san Mateo, el evangelista reúne siete parábolas referidas al Reino de Dios. En cada una de ellas se nos presenta un aspecto de este Reino. Hoy meditaremos la primera.

El Reino de Dios se realiza por la fuerza de la palabra de Dios, simbolizada en la semilla. Toda semilla contiene en sí misma una vida llamada a germinar y crecer. Ese crecimiento dependerá de la tierra que la recibe y del cuidado que se le dé. Qué importante es despejar la tierra de todo aquello que no permite que la Palabra eche raíces en nosotros. Cuidar esa tierra, alimentarla, para que la Palabra llegue hasta lo más profundo de nuestra existencia.

Por cuestiones históricas, los católicos no hemos valorado suficientemente la presencia real de Cristo a través de la Palabra. Antes del Concilio Vaticano II, los laicos no tenían acceso a ella. En la liturgia eucarística no se le daba la real importancia que tiene en cuanto a hacer presente a Dios en nuestras vidas. Muchas veces llegamos a la celebración de la misa cuando la Palabra se está proclamando; dificultando, incluso, la atenta escucha de los que están celebrando.

Leemos en la DV 21: La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el cuerpo de Cristo, pues, sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha dejado de repartir a sus fieles el Pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del cuerpo de Cristo.

Dice San Jerónimo: Yo considero que el Evangelio es el cuerpo de Jesús y las Escrituras son su enseñanza. Las palabras de Jesús: “quien come mi carne y bebe mi sangre (Jn 6,54) pueden entenderse tanto referidas al misterio (eucarístico) como al verdadero cuerpo y sangre de Cristo, que es la palabra de las Escrituras. La Palabra de Dios es esa carne y sangre de Cristo que entra en nosotros a través de la escucha.

Nos dice el Catecismo de la Iglesia en el nro. 102: A través de todas las palabras de la sagrada Escritura, Dios dice sólo una palabra, su Verbo único, en quien él se da a conocer en plenitud (cf. Hb 1,1-3): «Recuerden que es una misma Palabra de Dios la que se extiende en todas las escrituras, que es un mismo Verbo que resuena en la boca de todos los escritores sagrados, el que, siendo al comienzo Dios junto a Dios, no necesita sílabas porque no está sometido al tiempo» (San Agustín, Enarratio in Psalmum, 103,4,1).

Cuando se proclama la Palabra, Dios mismo se hace presente en nuestras vidas para transformarla con su presencia.

La Palabra realiza en nosotros aquello que nos revela. Como dice el libro de Isaías (55,10-11) en la primera lectura de este domingo: Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar… ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero… dice el Señor.

Cuando se proclama la Palabra, Dios mismo se hace presente en nuestras vidas. Todos necesitamos de una palabra que nos ilumine y nos anime, una palabra de cariño, de afecto, de ternura, que nos haga sentir la presencia del otro en nuestras vidas. La Palabra de Dios es la palabra de aquel que nos ama con amor eterno y transforma las sombras de nuestra vida en aurora de vida.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

  

SALMO RESPONSORIAL     64, 10abcd. 10e-11. 12-13. 14 (R.: Lc 8,8)

R. La semilla cayó en tierra fértil y dio fruto.

Visitas la tierra, la haces fértil
y la colmas de riquezas;
los canales de Dios desbordan de agua,
y así preparas sus trigales. R.

Riegas los surcos de la tierra,
emparejas sus terrones;
la ablandas con aguaceros
y bendices sus brotes. R.

Tú coronas el año con tus bienes,
y a tu paso rebosa la abundancia;
rebosan los pastos del desierto
y las colinas se ciñen de alegría. R.

Visitas la tierra, la haces fértil.
Las praderas se cubren de rebaños 
y los valles se revisten de trigo: 
todos ellos aclaman y cantan. R