CICLO A
31 de mayo de 2026

Icono de la Ssma. Trinidad de Rublev (1411)
Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 16-18
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra del Señor.
Queridas hermanas y queridos hermanos:
Dios envió a su Hijo, para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado.
¿Qué significa creer en Jesús? Creer no es solo afirmar la verdad de su existencia. No es proclamar determinados dogmas, nada más. Creer es reconocerlo en la totalidad de su existencia. Es recibir su amistad, su cercanía, su presencia en nosotros como el único salvador de nuestras vidas.
No vino a condenarnos sino a salvarnos. Una salvación que se realiza a través de su perdón, de su sanación y del don de la vida nueva.
Solo él nos puede dar ese perdón que implica la liberación de todas nuestras culpas. Solo él puede borrar en nuestras vidas todo aquello que, por acción u omisión, provocó heridas en nuestros hermanos.
Solo Jesús puede sanar nuestras heridas más profundas porque él las convierte en fuente de vida nueva. Sus llagas curaron nuestras heridas. La obra salvadora de Dios torna toda nuestra historia en fuente de vida. Ahí donde estuvo el mal, Dios lo torna en bien. Hace de nuestras heridas un espacio de comprensión y sanación de las heridas de nuestros hermanos; porque hemos conocido el dolor de las heridas, podemos ayudar a sanar las heridas de los otros. Y, a la vez, cuando ayudamos a sanar, nos sanamos porque fuimos creados para amar. Cuando nuestras heridas nos ayudan a sanar a otros, ellas adquieren un nuevo sentido, se tornan en fuente de vida y salvación. Cuando nuestras heridas nos encierran en nuestro yo, ellas se profundizan.
El amor nos obtiene el perdón porque la caridad cubre multitud de pecados. El amor nos sana porque le da sentido a todo lo que hemos vivido y vivimos en el presente.
Esa vida nueva en el amor, que comienza aquí, pero que cobra dimensión de eternidad, se da en nosotros, por nuestra participación en la vida trinitaria. La trinidad es la perfecta unidad porque las relaciones, entre las tres personas trinitarias, están movidas por el amor pleno.
Nosotros participamos de ese amor trinitario porque el Hijo de Dios nos unió para siempre a Él y porque el Espíritu del amor, el Espíritu de Dios, vive en nosotros. Vivimos en Dios y Dios vive en nosotros. Solo en la medida en que vivamos sumergidos en esa vida de amor podremos amar con el amor de Dios y experimentar, de esta manera, la honda alegría de la comunión.
Contemplar a la Trinidad es contemplar el sentido más profundo de nuestra existencia. Fuimos creados a imagen y semejanza de un Dios comunión, fuimos creados para la unidad. Es en la comunión en donde encontramos el sentido más hondo de nuestras vidas.
Solo la comunión con Jesús, por la acción del Espíritu Santo, nos puede llevar a una auténtica unidad entre nosotros.
Que Jesús nos regale su mirada redentora, no condenatoria, hacia nosotros mismos y hacia nuestros hermanos. Esa mirada es la que nos lleva a experimentar la alegría honda de la comunión y la paz profunda.
Una bendecida fiesta de la unidad y del amor,
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina
SALMO RESPONSORIAL Dn 3, 52-56
R. A ti, eternamente, gloria y honor.
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
alabado y exaltado eternamente.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre,
alabado y exaltado eternamente. R.
Bendito seas en el Templo de tu santa gloria,
aclamado y glorificado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el trono de tu reino.
aclamado por encima de todo y exaltado eternamente. R.
Bendito seas Tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines,
alabado y exaltado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el firmamento del cielo,
aclamado y glorificado eternamente. R.