CICLO A
26 de abril de 2026
Yo soy la puerta de las ovejas…
Yo soy el buen pastor…
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 1-10
Jesús dijo a los fariseos:
«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz.»
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.»
Palabra del Señor.
Queridos hermanos y queridas hermanas:
Este cuarto domingo de Pascua es conocido como el domingo del Buen Pastor. En este evangelio Jesús se nos presenta como el verdadero pastor y como la puerta por la que tenemos que entrar para encontrar nuestro alimento.
El pueblo de Israel aplicaba el nombre de pastor a su rey, porque esperaba que lo cuidara con la misma dedicación que los pastores cuidan a sus ovejas; que los protegiera de los enemigos y le garantizase el alimento necesario. Pero Israel hace la dolorosa experiencia de que la mayoría de los gobernantes se cuidan a sí mismos y no atienden a las personas confiadas a ellos, en muchos casos hostigan a su pueblo y llevan una vida marcada por la corrupción. Leemos en Ezequiel 34: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!… yo mismo cuidaré de mi rebaño.
Este pueblo, triste y desencantado, invoca muchas veces a Dios para que le envíe un buen pastor. Al fin, llega a la conclusión que solo Dios es el auténtico pastor y que solo en él tiene que poner su confianza. Por eso rezan en el salmo 22: el Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Dios les promete, a través de los profetas, la llegada de ese pastor deseado; un mesías que los conducirá por caminos de vida y libertad. Yo mismo cuidaré de mi rebaño, les dice. Al declararse Jesús como el buen pastor, nos manifiesta su identidad: él es ese pastor prometido y esperado.
Jesús es, también,la puerta del corral que nos permite encontrar el alimento, la que nos lleva al encuentro con el sentido más profundo de nuestras vidas. Él es la puerta de la salvación, la puerta hacia la eternidad.
Frente a la tristeza y decepción que experimentamos hoy nosotros por el comportamiento de gran parte de nuestra dirigencia política, por sus actitudes de indiferencia ante el sufrimiento de mucha gente y frente a tanta corrupción, espíritu de dominio y complicidad con el mal ¿qué puerta tenemos que abrir para encontrar caminos de justicia y verdad, de amistad social y de cuidado de la vida?
Jesús es esa puerta. Hoy somos invitados a ver la realidad con la mirada y el corazón de Jesús, descubriendo en ella aquella presencia del reino de Dios que tenemos que animar y hacer crecer; en el mundo existe el bien. Tenemos, también, que ponerle nombre y animarnos a denunciar aquellas actitudes que nos deshumanizan y nos llevan a perder el rumbo de la historia. Toda la realidad nos invita siempre a anunciar el evangelio como dador de vida nueva, como invitación a un estilo de vida superador de aquello que no nos permite vivir unidos en la construcción del bien común. Esta es la dimensión profética de nuestra vida como discípulos del Señor. Esta es la puerta por la cual tenemos que insertarnos en la historia de la humanidad. El evangelio es la puerta que tenemos que abrir para construir una sociedad diferente. Otro mundo es posible. Jesús vino a hacerlo posible. Nosotros estamos llamados a ser signos y constructores de vínculos fundados en el amor.
Recemos, en esta jornada mundial de oración por las vocaciones, para que podamos ayudar a nuestros jóvenes a responder con confiante valentía al llamado de Jesús. El matrimonio, la soltería y viudez asumida y consagrada, las diferentes formas de vida consagrada, el diaconado y el sacerdocio, son llamados de Dios que realizan plenamente nuestra vida. Necesitamos pastores que hagan presente a Jesús, el buen pastor. Que amen al Padre y al pueblo de Dios con el mismo corazón de Jesús.
Un bendecido tiempo pascual para todos,
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina
SALMO RESPONSORIAL 22, 1-6
R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. R.
Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.
