Comentario al evangelio del V domingo tiempo de cuaresma.

Ciclo A

22 de marzo de 2026

Yo soy la Resurrección y la Vida.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 1-7. 20-27. 33b-45 

Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.

Las hermanas de Lázaro enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo.»

Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que éste se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea.»

Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas.»

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»

Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»

Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.»

Jesús, conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?»

Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás.»

Y Jesús lloró.

Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!»

Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía impedir que Lázaro muriera?»

Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una

piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra.»

Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto.»

Jesús le dijo: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»

Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!»

El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.

Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar.»

Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en Él.

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Este evangelio nos presenta a un Jesús profundamente humano: llora ante la muerte de su amigo. El que tú amas está enfermo, le mandan a decir las hermanas de Lázaro. Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!» Jesús enfrenta el dolor de la pérdida de su amigo y expresa ese sentimiento.

Nosotros también tenemos que reconocer el dolor de perder un ser querido, expresar el sufrimiento que experimentamos ante cualquier tipo de pérdida. Asumir la ausencia de lo que amamos y ya no está visiblemente, sensiblemente, entre nosotros. Un sentimiento que nos acompañará por el resto de nuestra vida. Es muy sano expresar nuestros sentimientos. Necesitamos hacerlo.

Al mismo tiempo, en este séptimo y último signo de Jesús, en el evangelio según san Juan, él nos revela que tiene poder sobre la muerte y que de ella quiere sacar la vida. Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá.

En cada muerte el Señor hace surgir la vida. En cada pérdida el Señor nos ayuda a crecer en la libertad, en la entrega, en la fe. Porque la muerte es pascua, paso a la vida; tenemos que dejar que nuestros seres queridos partan a ese lugar tan deseado que es la casa del Padre. En la certeza de saber que, como dice un teólogo contemporáneo, morirse es descansar en el misterio de la misericordia de Dios.

En cada pérdida Jesús nos regala libertad, capacidad de entrega. No somos dueños de las personas, de la creación, de las cosas, de las actividades o del lugar social que ocupamos. Somos simples servidores.

Todos y todo le pertenece a Dios. De él venimos y hacia él vamos. Desapropiarnos, aunque eso nos cause dolor, nos hace libres y nos permite respetar el plan de Dios para los otros y para toda la creación. Dios nos devolverá el ciento por uno de lo que hemos entregado. Nos lo devolverá de una manera purificada, redimido de todo mal.

Cuaresma es tiempo de desatarnos, como Lázaro, de liberarnos de todo aquello que nos ata a la muerte y no nos permite vivir la alegría de la resurrección. Para esto vino Jesús al mundo: para transformar la muerte en vida.

En cuaresma nos preparamos para celebrar este triunfo de la vida sobre la muerte. Tiempo de recordar las palabras de Jesús: ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?

Una bendecida cuaresma para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                      129, 1-5. 6c-8

R. En el Señor se encuentra la misericordia

Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria. R.

Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido. R.

Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
Como el centinela espera la aurora,
espere Israel al Señor. R.

Porque en Él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
Él redimirá a Israel
de todos sus pecados. R.