Comentario al evangelio del V domingo durante el año

Ciclo A

8 de marzo de 2026

Ustedes son la sal de la tierra.

Ustedes son la luz del mundo.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo    5, 13-16 

Jesús dijo a sus discípulos: 

 Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. 

 Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. 

    Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo. 

Palabra del Señor

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Tanto la sal como la luz forman parte del mundo simbólico en muchas religiones y culturas. En la época de Jesús, la sal estaba destinada a conservar los alimentos, a cuidarlos y a darles sabor; a protegerse de enfermedades y espíritus impuros.

A su vez, la luz adquiere, en el simbolismo bíblico, un sentido de vida, se la identifica con la presencia de Dios. Las tinieblas, en cambio, son el lugar de la muerte porque nos hablan de la ausencia de Dios. Jesús mismo va a proclamar, luego de devolverle la vista al ciego, yo soy la luz del mundo.

Por eso, estos dos elementos, nos hablan de protección, sentido de vida, iluminación.

Todos nosotros buscamos ser protegidos, cuidados. Necesitamos encontrarle sabor a la vida que no es otra cosa que vivirla con sentido. Nadie quiere vivir en la oscuridad.

¿Dónde podemos encontrar aquella luz que da sentido a nuestra existencia, esa sal que nos permite vivir con auténtico sabor nuestra vida?

Nos lo responde la primera lectura de este domingo, tomada del libro del profeta Isaías: Si compartes tu pan con el hambriento
y albergas a los pobres sin techo; si cubres al que veas desnudo
y no te despreocupas por tu propia carne, entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar… Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas.

Si amas a todos, especialmente a los más débiles de la sociedad, tu vida encontrará el sentido más profundo y te convertirás en luz para un mundo tan marcado por la oscuridad.

Amar no consiste en dar cosas. Amar es darnos a nosotros mismos. Es buscar siempre el bien del otro, es ayudarlo a encontrarle el sentido a su propia vida. Cuando transmito la luz de la fe, encuentro la luz. Cuando cuido la vida de mis hermanos, estoy sanando esas llagas que no me dejan ser feliz.

Nadie se salva solo. Es sanado, el que sana; encuentra la luz, el que transmite la luz de Jesús a los demás. Es dando que se recibe.

Cuando vamos a preparar una comida, podemos tener a disposición los mejores ingredientes y una buena receta, pero si no conseguimos que ella tenga sabor, de nada sirve. Así pasa con nuestra vida. Hemos recibido innumerables dones de Dios y contamos con talentos, bienes materiales, posibilidades; pero, si con todo eso no crecemos en el amor, nuestra vida pierde el sabor, el sentido de su existencia.

Nosotros podemos amar con el amor de Jesús, como dice la segunda lectura de este domingo, por el poder de Dios que vive en nosotros.

Démosle gracias al Señor porque nos regala su luz y nos permite, de esa manera, ser luz y vida para los demás.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

   

SALMO RESPONSORIAL  111, 4-7. 8a-9

R. Para los buenos brilla una luz en las tinieblas.

Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:
es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo.
Dichoso el que se compadece y da prestado,
y administra sus negocios con rectitud. R.

El justo no vacilará jamás,
su recuerdo permanecerá para siempre.
No tendrá que temer malas noticias:
su corazón está firme, confiado en el Señor. R.

Su ánimo está seguro, y no temerá.
Él da abundantemente a los pobres:
su generosidad permanecerá para siempre,
y alzará su frente con dignidad. R.