CICLO A
25 de enero de 2026
El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 12-17
Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
«¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí,
camino del mar, país de la Transjordania,
Galilea de las naciones!
El pueblo que se hallaba en tinieblas
vio una gran luz;
sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte,
se levantó una luz».
A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca».
Palabra del Señor.
Queridas hermanas y queridos hermanos:
Cuando se nos corta la luz, todo nosotros, nos sentimos incómodos. No nos gusta la oscuridad. Además de las dificultades prácticas, nos genera cierta tristeza, melancolía. Andar por un lugar oscuro nos da incertidumbre y miedo.
Cuando Jesús menciona a Galilea dice: el pueblo que se hallaba en tinieblas, en oscuridad. Era una región paganizada en donde se mezclaban diversas culturas y pueblos. Es ahí donde Jesús inicia su misión evangelizadora y elige sus primeros discípulos. Por eso, esa región: vio una gran luz y sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.
Algunas veces en la vida se nos oscurece el corazón y la mente. Es esa oscuridad que nos invade cuando entran en nosotros sentimientos de rencor, de envidia, de enojo, de celos, de melancolía, sentimientos negativos. O cuando tenemos que tomar una decisión y no sabemos qué hacer, cuando no vemos qué camino debemos tomar, qué decisión debemos asumir; cuando estamos confundidos y hasta descreídos.
Todos nosotros necesitamos la luz porque fuimos creados para vivir en ella.
El arresto de Juan habrá sido un momento de dolor y preocupación para Jesús. Ante ello, no se paralizó, no dejó que lo envolviera la tiniebla del dolor y de la preocupación.
Sale de su ciudad, del lugar donde se crio. Va al país de la oscuridad, no se escapa de ella, no se evade de la realidad. Deja su zona de confort, su seguridad, y va al encuentro de aquellos a quienes debe anunciar la buena noticia. La oscuridad lo mueve a buscar y a anunciar la luz, a realizar aquello para lo cual el Padre lo ha enviado. No se pelea con las tinieblas, no lucha contra la realidad, simplemente hace presente el Reino de los Cielos, el reino de la luz.
En el documento Patris Cordis, el Papa Francisco dice que san José recibió la vida como la vida vino, con sus oscuridades y sus muchas dificultades, con sus peligros y desarraigos.
La luz aparece cuando nos dejamos de pelear con lo que nos sucede, cuando recibimos la vida como ella se presenta y, a partir de allí, nos dejamos conducir por el amor de Dios. Encontramos la luz cuando nos entregamos a la voluntad de Dios, como quien se deja llevar por la corriente de una ola. Cuando nos ponemos en las manos de aquel que nos ama con amor infinito, con amor total.
Tenemos que aprender a hacer la plancha en Dios y dejar que él nos lleve a donde nos quiera llevar. Desarmarnos, soltar, no querer ser Dios, confiar, dejar que el Señor nos conduzca por sus caminos.
La luz aparece cuando vamos al encuentro de los que nos necesitan. Cuando en el dolor, amamos. El amor auténtico siempre sana heridas.
El Reino de Dios se hace presente en nosotros cuando lo dejamos reinar a él en nuestras vidas. Esa presencia de Dios es siempre presencia de luz.
Un bendecido domingo para todos,
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina
SALMO RESPONSORIAL 26, 1. 4. 13-14 (R.: 1a)
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? R.
Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. R.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.
