Comentario al Evangelio de la conmemoración de todos los fieles difuntos

Ciclo C

2 de noviembre de 2025

¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? 

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas        24, 1-8 

    El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

    Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea: «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día»» Y las mujeres recordaron sus palabras. 

Palabra del Señor

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Las mujeres fueron al sepulcro con el dolor propio que provoca la pérdida de un ser querido. Cuando llegan, se desconciertan: el sepulcro está vacío. En ese momento reciben el anuncio de la resurrección de parte de dos personas que, por sus vestimentas, no parecen ser seres humanos sino enviados por Dios. Estas personas las ayudan a hacer memoria de las palabras del Señor ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea. La promesa se ha cumplido.

Nosotros, cada domingo, cuando recitamos el Credo, afirmamos nuestra fe en la resurrección; pero, muchas veces, nos quedamos en el dolor y en la tristeza de la muerte.

Necesitamos una mirada de fe. Esa fe que todos hemos recibido como don en el bautismo. Esa fe que no niega lo racional ni la posibilidad de la experimentación sensible, esa fe que no niega el dolor, pero que nos permite una comprensión mucho más honda de la vida, de la historia, de nuestra propia historia.

Ante la muerte somos llamados a hacer el duelo de la pérdida sensible de aquellos que amamos. Tenemos que asumir el dolor de la ausencia corporal. A la vez, ese dolor se ilumina con la promesa del Señor: donde yo esté, estarán también ustedes; en la casa de mi Padre hay muchas habitaciones, yo voy a prepararles un lugar.

El actuar de Dios siempre supera nuestra capacidad de comprensión. En esta conmemoración de los fieles difuntos, somos invitados a acoger con mirada de fe esta buena noticia. ¡Ha resucitado, el Señor! ¡Nosotros que somos su cuerpo, hemos resucitado con Él! ¡La muerte fue vencida! Nuestros seres queridos que han partido son partícipes de la resurrección del Señor.

La resurrección no es sólo la inmortalidad del alma. Resucitar es renacer a una vida que cobra dimensión de eternidad. Partícipes de la Resurrección de Cristo seremos revestidos de un cuerpo glorioso y habitaremos para siempre con Él. Cuando, en el Credo, proclamamos la verdad de nuestra fe, decimos: Creo en la resurrección de la carne. Toda nuestra persona participa del don de la resurrección.

Cada domingo proclamamos, también, nuestra fe en la comunión de los santos. En cada encuentro con Cristo nos encontramos y celebramos la comunión con todos aquellos que han partido de este mundo y esperan la resurrección final.

Un bendecido domingo,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO                                                              26, 1. 4. 7. 8b. 9a. 13-14

R. Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? R.

Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo. R.

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.