Comentario al evangelio de la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo.

Ciclo C

22 de junio de 2025
Todos comieron hasta saciarse

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas          9, 11b-17   

    Jesús habló a la multitud acerca del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser sanados.

    Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: «Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto».

    Él les respondió: «Denles de comer ustedes mismos». Pero ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente».

    Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: «Háganlos sentar en grupos de cincuenta». Y ellos hicieron sentar a todos.

    Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirviera a la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

Palabra del Señor.

Celebramos la solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, instituida por el papa Urbano IV en 1269 para toda la iglesia latina, respondiendo así a errores sobre la comprensión de la presencia real de Cristo en la eucaristía, los himnos Pangue linguaLauda SionPanes Angelicus o Adoro te devote, fueron compuestos por santo Tomás de Aquino para la primera celebración oficial.

La iglesia nos proclama para nuestra contemplación el relato de la multiplicación de los panes, este relato se encuentra en los cuatro evangelios, con la particularidad que los evangelistas Mateo y Marcos lo relatan dos veces, esta insistencia de los autores sagrados nos permite hacernos una idea de lo importante que fue este hecho para la primitiva comunidad cristiana.

Pedagógicamente san Lucas ubica la narración del milagro después de la pregunta de Herodes sobre quien es Jesús, la respuesta que se va revelando junto con otros hechos culmina con la palabra del Padre en la transfiguración, revelándolo como su Hijo amado.

Veamos el desarrollo del relato: una introducción al relato que nos dice que Jesús estuvo hablando a la multitud sobre el Reino, y sanando. Qué fue lo que dijo, no lo sabemos, los autores no se detuvieron en ese dato.

Luego los discípulos entran en la escena más preocupados por el apuro del momento de alimentar a la multitud, que por procesar lo que estuvo enseñando el Maestro, y la respuesta de Jesús, poniéndolos en un apuro mayor, conminándolos a que sean ellos quienes les den de comer.

Un tercer momento, en que, ante la incapacidad de los discípulos para dar de comer, Jesús les manda, que organicen a la multitud para prepararlos para lo que vendrá.

Luego el momento más importante donde “Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirviera a la multitud”. Este gesto nos evoca el relato de la institución de la eucaristía, así como el relato de Emaús después de la resurrección en el encuentro de los dos discípulos con el Resucitado.

El esquema nos remite a nuestra misa, Dios nos habla a través de la Palabra, nosotros respondemos, y luego Él nos sacia con su Cuerpo y su Sangre.

En aquel momento quien multiplicó los panes y los pescados fue Jesús, y los discípulos los repartieron, hoy como en aquel momento sigue siendo Jesús quien alimenta, y nosotros los que tenemos la tarea de repartir.

En cada Eucaristía nos encontramos con el Resucitado y somos alimentados con su Cuerpo y con su Sangre, por el sacrificio de su pasión, muerte y resurrección que se actualiza en el altar por la efusión del Espíritu Santo a través de la plegaria eucarística. Jesús mismo viene a nuestro encuentro, bajo la forma del pan y del vino, y en esas especies consagradas se mantiene presente.

Finalizada la misa es tarea de cada bautizado llevar el alimento que Dios nos ha dado, a los lugares donde transcurre nuestra vida cotidiana, es decir vivir eucarísticamente. Lo que celebramos en la misa continúa en nosotros, no termina, el mundo tiene hambre y sed de Dios, aunque a veces no lo reconozca. Ese mismo Jesús que nos alimentó toma rostro concreto en nuestros hermanos, especialmente en cada ser humano que está pasando alguna necesidad, tanto material como espiritual.

Que el encuentro con Cristo Resucitado llene nuestro ser y nos transforme para vivir nuestro ser apóstoles hoy.

Bendecida fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo.

P. Rubén Fuhr, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

SALMO                                                                  Sal 109, 1-4

R. Tú eres sacerdote para siempre,
a la manera de Melquisedec.

Dijo el Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
mientras yo pongo a tus enemigos
como estrado de tus pies». R.

El Señor extenderá el poder de tu cetro:
«¡Domina desde Sión,
en medio de tus enemigos!» R.

«Tú eres príncipe desde tu nacimiento,
con esplendor de santidad;
Yo mismo te engendré como rocío,
desde el seno de la aurora.» R.

El Señor lo ha jurado y no se retractará:
«Tú eres sacerdote para siempre,
a la manera de Melquisedec». R.