Ciclo C
15 de junio de 2025
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Todo lo que es del Padre es mío.
El Espíritu recibirá de lo mío y se los anunciará
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 16, 12-15
Jesús dijo a sus discípulos:
«Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.»
Palabra del Señor
Queridos hermanos, queridas hermanas:
La Iglesia nos propone, en esta fiesta de la Santísima Trinidad, contemplar y celebrar la unidad de las tres personas divinas en un solo Dios.
Nos recuerda el catecismo de la Iglesia, en el nro. 234, que este es el misterio central de la fe… Es el misterio de Dios en sí mismo. Es la fuente de todos los otros misterios…
Cuando decimos misterio, no hablamos de oscuridad. El misterio es una luz tan grande que nos enceguece, nos sobrepasa; como cuando una iluminaria muy fuerte alumbra nuestros ojos, no podemos ver con claridad. El misterio es exceso de luz. Se trata de una verdad que supera nuestra capacidad de entendimiento y contención. El misterio no es irracional, pero supera el entendimiento de la razón.
Estamos llamados a ser contemplativos del misterio, adentrarnos en él, dejar que el misterio envuelva nuestra existencia y transforme nuestra vida; que el misterio nos hable.
Jesucristo nos revela el misterio trinitario desde su misma experiencia de relación con el Padre y el Espíritu Santo. Todo lo que es del Padre es mío. El Padre y yo somos una sola cosa. El Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Cuando contemplamos este misterio y nos sumergimos en él, podemos experimentar la acción amorosa de Dios en nuestras vidas. El Espíritu Santo nos ha unido para siempre a Cristo, haciéndonos hijos en el Hijo y, por eso, partícipes de la vida trinitaria. Nosotros somos parte de la trinidad en Cristo.
Esta participación nos lleva a vivir una alegre confianza en la providencia amorosa de Dios. En el Hijo somos amados con la misma plenitud conque el Padre lo ama a Él. Con y en Jesús vivimos continuamente en las manos amorosas del Padre.
Inmersos en la vida divina por la acción del Espíritu Santo, somos uno en Cristo y entre nosotros. Dice San Agustín: aunque los cristianos seamos muchos, en el único Cristo somos uno. El camino de la unidad, brota de esta participación en la vida trinitaria. Como cada persona de la Trinidad conserva su identidad siendo un solo Dios, así nosotros: siendo seres únicos e irrepetibles, somos llamados a vivir en comunión de vida y de acción. La unidad en Dios no es uniformidad sino integración de lo diverso en una misma vida de amor.
El Espíritu Santo alimenta nuestra caridad porque hace presente en nosotros la misma vida de Dios para que podamos amar como Cristo nos ama y así vivir en unidad de amor con el Padre y entre nosotros.
Esta unidad en el amor es la vocación fundante de nuestra existencia. Demos gracias porque, al ser partícipes de la unidad trinitaria y poder amar con el amor de Jesús, nuestra existencia se realiza en plenitud y nuestra vida cobra pleno sentido.
Una bendecida fiesta de la Santísima Trinidad,
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina
SALMO 8, 4-9
R. ¡Señor, nuestro Dios,
que admirable es tu Nombre en toda la tierra!
Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y las estrellas que has creado:
¿qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides? R.
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos,
todo lo pusiste bajo sus pies. R.
Todos los rebaños y ganados,
y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas. R.