Comentario al Evangelio de la fiesta de la Ascensión del Señor

Ciclo C

1 de junio de 2025

Mientras los bendecía,
se separó de ellos
y fue llevado al cielo. 

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas         24, 46-53 

Jesús dijo a sus discípulos:

    «Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto.»

    Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.

    Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios. 

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas, queridos hermanos:

Esta celebración de la Ascensión del Señor, nos puede llevar a hacernos una pregunta: ¿en qué tenemos que ascender para que nuestra existencia tenga pleno sentido?

Si miramos generaciones precedentes, vemos cómo la ascensión social se daba a través del esfuerzo y el trabajo. Se aspiraba a la casa propia, al progreso económico. El cumplimiento del deber era la norma de vida: puntualidad, responsabilidad en la tarea, realización de lo encomendado.

Con la modernidad se introdujo muy fuertemente el tema del éxito como elemento realizante de nuestra existencia. La competencia cobró mucha fuerza. Lo importante dejó de ser el deber cumplido y todo el esfuerzo fue puesto en la eficiencia. En esta perspectiva, ascender es tener éxito.

Con la posmodernidad, entró muy fuerte la búsqueda del gozo personal, el disfrute inmediato. Últimas encuestas revelan que, ante la pregunta sobre qué trabajo buscan nuestros jóvenes, aparecen aquellos que les permitan un mayor uso del tiempo libre. Se busca trabajar en la casa y la menor cantidad de horas posibles. No iniciar muy temprano las tareas y poder disponer de tiempo a la tarde para hacer lo que se quiere. Ante la búsqueda del gozo de lo inmediato como objetivo principal, no tiene espacio la dimensión ascendente de la vida.

Frente a este cuadro social, los cristianos estamos llamados a dar una respuesta profética: partiendo de la realidad, descubriendo los valores y los límites existentes en ella, poder presentar la buena noticia que nos transforma y da sentido a nuestras vidas. El camino del cristiano es siempre una respuesta que no se deja atrapar por la cultura emergente, sino que pretende vivir en ella desde la novedad evangélica. Por eso, es oportuno preguntarnos ¿cuál es el camino de ascensión que nos propone Jesús?

No es otro que su propia vida. Él es el camino que nos lleva al Padre. El camino del evangelio es la opción que realiza plenamente nuestra existencia y nos abre a dimensiones de eternidad; es el signo que el mundo de hoy necesita.

Es lícito el progreso económico. Es sano disfrutar de nuestros éxitos. Necesitamos tiempo para gozar sanamente la vida. Estas dimensiones, si no se viven desde una profundidad de entrega como lo vivió Jesús, nos vacían interiormente.

Solo el amar como Jesús nos hace libres y nos lleva por un camino de auténtica ascensión interior. Solo cuando la vida de Jesús se hace vida en nosotros, podemos vivir el gozo de la resurrección, la honda alegría de la vida nueva.

Una sociedad crece no solamente cuando mejora sus variantes económicas, sino cuando aumente su interés en la vivencia de los valores humanos; esos valores que nos realizan como personas: el respeto, la honestidad, la solidaridad, la justicia, la amistad social.

Con la Ascensión del Señor, nos disponemos a prepararnos a la venida del Espíritu Santo en la próxima fiesta de Pentecostés. Él es el que nos permite entender y vivir el mensaje de Jesús; por él ascendemos interiormente por ese camino de plenitud y eternidad que Dios quiere para nosotros.

Un bendecido tiempo pascual,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO                                                                              Sal 46, 2-3. 6-9

R. El Señor asciende entre aclamaciones.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra. R.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios,
canten, canten a nuestro Rey. R.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado. R.