Comentario al evangelio del IV domingo de Pascua

Ciclo C

11 de mayo de 2025

Yo soy el buen Pastor:
conozco a mis ovejas, y ellas me siguen.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan          10, 27-30 

En aquel tiempo, Jesús dijo:

      «Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa.» 

Palabra del Señor

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Hay dos actitudes que nos permiten vincularnos en intimidad con otra persona: el conocimiento y la escucha. Tejemos una amistad con alguien cuando, mutuamente, vamos conociendo nuestras historias de vidas, nuestros sentimientos, gustos, ideales; nuestros éxitos y fracasos; nuestros miedos y nuestros entusiasmos; cuando nos vamos comunicando mutuamente aquello que somos, lo que deseamos y soñamos. Esto implica una gran capacidad de escucha, de entender al otro desde su realidad, sin juzgarlo, conteniéndolo y haciéndonos cercanos y solidarios con él.

Esta es la relación que Jesús, nuestro buen pastor, establece con cada uno de nosotros. Nos conoce desde toda la eternidad. Nos conoce infinitamente más de lo que nosotros nos conocemos. Conocer, en la Biblia, significa entrar en la intimidad del otro, una comunión de intimidades fundadas en el amor. El conocimiento que Jesús tiene de cada uno de nosotros se funda en un amor eterno e infinito, tierno y misericordioso. Es el Dios hecho hombre que siempre nos escucha con la contención que solo Él puede darnos.

Así como el Padre y Jesús son una sola cosa, nosotros estamos llamados a ser uno en Él. Vivir y morir en Él. Solo Él tiene palabras de vida y de eternidad.

A diferencia de los vínculos que establecemos entre nosotros, en la relación con Jesús, entra una tercera actitud: el seguimiento. Él es el camino que nos conduce al Padre, el camino que nos lleva a la eternidad. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen… yo les doy vida eterna.

Escuchamos en la primera lectura de la misa de este domingo cómo los apóstoles, llenos del Espíritu Santo, estaban alegres de anunciar a Jesús en medio de las incomprensiones y persecuciones sufridas. El vínculo con Jesús marcó sus vidas definitivamente, al punto de entregarle al Señor toda su vida.

Pidámosle al Señor crecer cada día en la amistad con Él. Pidámosle que le regale a la Iglesia pastores que lo hagan presente a Él en medio de las vicisitudes de la vida.

Roguemos para que cada uno de nosotros, desde su vocación específica, puede hacer presente, en un mundo sufriente y herido, el rostro tierno y misericordioso de Jesús resucitado.

Un bendecido domingo del Buen Pastor,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina 

 

SALMO                                                                               Sal 99, 1b-3. 5

R. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclame al Señor toda la tierra,
sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos. R.

Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones. R.