22 de enero de 2025

AÑO JUBILAR
230 años del nacimiento
175 años de la muerte
190 años de la inspiración
190 años de fundación
75 años de la beatificación
75 años de la exposición de las reliquias
Queridos hermanos, queridas hermanas:
Esta fiesta de San Vicente Pallotti, en este año jubilar, nos invita a volver nuestra mirada hacia él.
Fue un hombre en búsqueda de la santidad, de realizar la voluntad de Dios, de encontrar nuevos senderos en la misión evangelizadora, caminos de unidad. Como místico y apóstol entendió que solo se anuncia el evangelio desde una experiencia honda del amor infinito de Dios y que, solo se ama a Dios participando en la misión de Jesucristo. Hombre de profundos silencios orantes y de intensa vida apostólica. Dios le regaló una mirada y un corazón universal: todos somos partícipes de la única misión de Jesucristo, todos somos llamados formar parte del Reino de Dios.
En un momento eclesial, en el que predominaba una mentalidad clericalista, nos volvió al llamado universal de Dios. Amar es la vocación fundante de todos nosotros. No amamos sino buscamos el mismo bien para los demás que deseamos para nosotros mismos. El bien más grande es el de la fe. Si no la transmitimos, si no anunciamos la Buena Nueva de Jesucristo, no amamos verdaderamente. La misión evangelizadora, el apostolado, es fruto de nuestra vocación al amor. Nos volvió la mirada a nuestro bautismo que nos configuró a Cristo y, por eso, a su misión. Amó a nuestra Madre y Madre de Dios que, sin recibir el orden sagrado, es el modelo humano más perfecto de vida apostólica. Nos transmitió una Iglesia Cenáculo, abierta al discernimiento, al diálogo espiritual, a compartir lo discernido, a la búsqueda de la comunión en la misión evangelizadora. Una Iglesia auténticamente sinodal.
¿Qué nos dice hoy el carisma apostólico heredado a través de él? ¿Cuál es nuestro aporte en esta sociedad tan marcada por el dolor de las guerras y los enfrentamientos, de la deshumanización y la destrucción de nuestro ser llamado a la comunión, a ser familia, a ser hermanos y hermanas entre nosotros? Ante los fracasos de los diferentes regímenes políticos, atravesados muchas veces por la mentira, la corrupción, la impunidad y el afán de dominio.
Ante el dolor de los refugiados, migrantes, excluidos, habitantes de la calle, niños sin futuro, jóvenes víctimas del narcotráfico, adultos mayores abandonados ¿Qué nos dice, hoy, Dios a través de San Vicente Pallotti?
Negar la realidad, nos enferma. Quedarnos en la queja, nos paraliza. Apostar a proyectos de cambios mágicos e insostenibles o construidos a fuerza de grandes sufrimientos por parte de los más pobres, nos coloca en un sendero de frustración inmediata.
Los cristianos tenemos mucho para aportar en esta hora. San Vicente Pallotti entendió que la Palabra de Dios nos abre a perspectivas de eternidad, nos anima a la esperanza y, a la vez, es capaz de realizar en nosotros aquello que un día será una realidad plena. El reino de la justicia, la paz y el amor, está presente en medio de nosotros.
Como místico nos invita a contemplar las semillas del Reino de Dios presente en la historia, a entrar en él, a dejar que el Reino se haga presente en nuestras vidas. Hace unos días, vi escrito en un resto de pared que quedó erguida, en medio de una ruta de tierra, en Bolivia, una frase que me hizo pensar mucho: viví en vos aquello que deseas para la sociedad. Me pareció una de las mejores definiciones de lo que es el Reino de Dios. No se trata de querer construir una sociedad diferente, solo fundados en buenos proyectos o delineando utópicas estructuras.
Tampoco se trata de caer en la trampa del intimismo, cerrándonos a la dimensión social de nuestra existencia. Se trata de abrirle el corazón a la vida en el amor que solo nos la puede regalar el Padre, a través de Jesucristo, y por la acción del Espíritu Santo que habita en todos nosotros. Se trata de dejarnos modelar por el Espíritu para que, como lo deseaba San Vicente Pallotti, podamos sentir, mirar, pensar, vincularnos como lo hizo Jesús.
Esa vida nueva, transformadora de vínculos y sociedades, de mentalidades y actitudes, solo se hará presente en medio nuestro si cada uno de nosotros, discípulos y discípulas de Jesús, la hacemos presente en nuestros corazones, en nuestros vínculos, en nuestro anuncio, en nuestros grupos sociales, en nuestras ciudades y naciones. El evangelio tiene una fuerza extraordinaria de construcción social. Extraordinaria y atrayente, porque fuimos creados a imagen y semejanza de aquel que la encarnó plenamente, Jesucristo, el Dios con nosotros.
Hoy, en este año jubilar, Dios nos vuelve a llamar, a través de San Vicente Pallotti, a transformar el mundo en el que vivimos a través de una vida mística, abierta a la Palabra, contemplativa de Dios en la realidad; a través de una vida enteramente comprometida en el anuncio de esta Palabra transformadora.
Esa sociedad que deseamos, es la que Jesús nos propone y la hace presente en nuestras vidas por la fuerza del Espíritu que nos ilumina, convierte y transforma.
Esta es la Palabra transformadora que tenemos que anunciar y hacer presente con nuestros gestos y acciones.
Es la Palabra que nos trae el perdón y que nos vuelve a la comunión, a la unidad. La Palabra que nos libera de aquellos que nos destruye como personas, la Palabra que crea vida nueva, formas más humanas y comunitarias de vivir. La Palabra que gesta la mujer y el hombre nuevo, la nueva sociedad. Parafraseando la frase de uno de los foros sociales: otro mundo será posible si nos animamos a hacer presente, en el aquí y ahora, esta Palabra de Vida.
Feliz fiesta de San Vicente Pallotti,
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina