Comentario al evangelio del III domingo de Adviento

Ciclo C

14 de diciembre de 2024

¿Qué debemos hacer?

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas      3, 2b-3.10-18 

    Dios dirigió su palabra a Juan Bautista, el hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados.

    La gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer entonces?»

    Él les respondía: «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto.»

    Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?»

    Él les respondió: «No exijan más de lo estipulado.»

    A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?»

    Juan les respondió: «No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo.»

    Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: «Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible.»

    Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia.

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

En este evangelio, el Señor nos invita, a través de Juan Bautista, a la conversión. Solo crece quien vive la permanente conversión. Convertirnos es vivir la alegría de ser hombres y mujeres nuevos cada día, es un signo de vida.

¿Qué debemos hacer para vivir una auténtica conversión?

Hoy la Palabra nos presenta tres actitudes fundamentales:

  • Comparte tu túnica, tu alimento, tus bienes con el que los necesita. Viví la libertad del amor. La libertad del que no está apegado a lo que tiene y encuentra el gozo, el sentido de su vida, en el compartir. Amar significa siempre estar atento a aquello que mi hermano necesita. Salir del asfixiante aire del egoísmo, de la indiferencia, del no me importa.
  • En segundo lugar, no exijan más de lo estipulado. Viví en la justicia. No subas los precios para beneficiarte abundantemente sin tener en cuenta al otro. Pagá como corresponde el trabajo realizado a tu favor. Cumplí con las reglamentaciones que protegen la vida y el futuro de tus empleados. No te aproveches del necesitado. Trata a toda persona como quieres que te traten a ti. No discrimines. Pedí ayuda, pero no seas demandante con los demás. No exijas lo que no corresponde. A vos, que fuiste elegido para administrar los bienes de todos, cuidá la vida de los más vulnerables de la sociedad, de los niños y de los adultos mayores, de los que están solos y no tienen quien los cuide. Cuidá que todos puedan acceder a los medicamentos y al alimento necesario.
  • En tercer lugar, no extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo. Sé honesto. No difames, no calumnies, no hables mal del otro en su ausencia, no seas chismoso, invasivo de la privacidad del otro. No seas como algunos de nuestros políticos que roban con impunidad, enriqueciéndose escandalosamente ante un pueblo sumido en la pobreza y la injusticia.

La conversión siempre pasa por madurar en el amor. Solo puede crecer en el amor el que deja que Dios habite en él. El Señor nos sumerge continuamente en el Espíritu Santo, bautizar significa sumergir. El Señor limpia nuestro corazón y recoge el buen trigo que hay en nosotros.

Amar nos hace hondamente libres ante nuestra fiebre posesiva de bienes, ante la esclavitud de nuestros rencores, ante la acidez de nuestro egoísmo.

Sólo el amor nos da el verdadero gozo proclamado en las lecturas de este tercer domingo del adviento, domingo de la alegría.

¿Qué debemos hacer? Madurar en la libertad del amor.

Un bendecido Adviento,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                                      Is 12, 2-6

R. ¡Aclamemos al Señor con alegría!

Este es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
Él fue mi salvación. R.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre. R.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R.