Comentario al Evangelio de la 50º Peregrinación juvenil a pie a Luján

50º Peregrinación juvenil a pie a Luján

5 y 6 de octubre de 2024

“MADRE, BAJO TU MIRADA BUSCAMOS LA UNIDAD”.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según Juan (19, 25-27)

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.»

Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya.

Palabra del Señor.

 

El Evangelista Juan nos invita a contemplar el momento sublime de la entrega total de Jesús, cuando elevado en la cruz ya no le queda prácticamente nada, despojado de sus ropas, ahora él mismo se despoja incluso de su propia Madre. María junto a las otras mujeres y al discípulo que Él amaba, son testigos del desprendimiento total, como su testamento la deja como madre y a cambio de sí mismo le deja a María otro hijo.

Jesús vuelve a utilizar la palabra mujer para dirigirse a su madre, así como lo hizo en Caná de Galilea, en el primer signo realizado en el evangelio de Juan, desde entonces no lo ha vuelto a utilizar, en aquel momento la hora no había llegado, ahora que va a pasar de este mundo al Padre, no quiere dejarla sola, ni quiere que la comunidad que nace al pie de la cruz se quede sin madre. Ese discípulo no es nombrado por el evangelista con el nombre propio, porque ese discípulo somos cada uno de nosotros, es la Iglesia que desde aquel momento la recibió como Madre suya.

María ocupa un lugar preponderante en la comunidad naciente, luego de la ascensión mantiene unidos en oración a los discípulos a la espera confiada del Espíritu Santo prometido.

María desde la entrega de Jesús en la cruz asumió el rol de madre de todos los creyentes, y como tal nos acompaña. Así como los primeros discípulos de Jesús, que eran muy distintos unos de otros, con modos de ser diversos, ideas diversas, pero unidos por un único llamado, el de Jesús, también hoy nosotros, muy distintos unos de otros, con modos de ver las cosas tal vez de diferente manera, lo que por cierto enriquece la comunidad, tenemos en común que hemos sido llamados por Dios al seguimiento de Cristo, de eso se trata el ser cristianos, seguirlo a Él. Nuestra vida de fe es un camino, somos peregrinos que seguimos las huellas de un único Maestro, el de Galilea, el que se entregó por nuestra salvación, el que nos dejó también a su Madre.

Vivimos en un mundo fragmentado, por diversos motivos, y en algunos casos experimentamos situaciones que nos desunen como sociedad, como iglesia. Diversos grupos reclamando respeto, pero, paradójicamente, no aceptando al que piensa diferente, llegando a situaciones de violencia física o verbal para hacer callar al que opina distinto, generando divisiones más grandes aún.

Hoy la peregrinación juvenil al santuario de Luján cumple 50 años, desde entonces hasta el presente, los argentinos hemos vivido momentos de los más diversos, donde la violencia social, seguida de la represión más grande de la historia argentina nos marcó profundamente como nación.

El conflicto con Chile que casi nos lleva a una guerra. La guerra de Malvinas. Las visitas del papa san Juan Pablo II. La alegría del retorno a la democracia. Las copas del mundo ganadas, y muchísimos momentos más, junto con la elección del papa Francisco, por mencionar algunos, donde supimos unirnos y otros donde nos dividimos más.

Hoy María desde Luján nos contempla invitándonos a la unidad, ¿qué madre no desea la unidad de sus hijos? ¿Qué madre no sufre viendo a sus hijos divididos?

Seguramente en esta peregrinación no todos tienen las mismas opiniones sobre diversos temas, pero sí, seguramente, aman a una misma Madre, los une una misma devoción, que ese punto de encuentro en la fe sea el motor que nos una como nación para que desde las diferencias podamos construir un país donde haya lugar para todos, menos para la corrupción que engendra desigualdad, división y violencia.

Un bendecido próximo domingo para todos,

P. Rubén Fuhr, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO                                           Lc 1, 46-48. 49-50. 51-53. 54-55 (R.: cf. 49)

R. El Señor hizo en mí maravillas:
¡gloria al Señor!


«Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz. R.

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen. R.

Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono
y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías. R.

Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham
y de su descendencia para siempre.» R.