Comentario al Evangelio del XX domingo durante el año

XX domingo durante el año

CICLO B

18 de agosto de 2024

El que come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí y Yo en él.
 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan            6, 51-59 

    Jesús dijo a los judíos:

      «Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá eternamente,
y el pan que Yo daré
es mi carne para la Vida del mundo».

    Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?»

    Jesús les respondió:

      «Les aseguro
que si no comen la carne del Hijo del hombre
y no beben su sangre,
no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre
tiene Vida eterna,
y Yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida
y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí
y Yo en él.
Así como Yo,
que he sido enviado por el Padre que tiene Vida,
vivo por el Padre,
de la misma manera, el que me come
vivirá por mí.
Éste es el pan bajado del cielo;
no como el que comieron sus padres y murieron.
El que coma de este pan vivirá eternamente».
 

    Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún. 

  Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Continuando con el discurso del pan de vida, Jesús da un paso más, proclamando que este pan es su carne y quien come su carne y bebe su sangre tiene vida eterna.

Ante estas palabras, los judíos que lo escuchan, se escandalizan. Comer carne humana les representa, igual que a nosotros, un acto de canibalismo. Por otro lado, estaba prohibido consumir sangre de cualquier animal porque esta representaba la sede de la vida. Por esto, es importante aclarar, que la carne y la sangre significan, en la mentalidad semítica, la totalidad de la persona. Se trata de un signo sacramental que expresa la presencia real de Jesús, hombre y Dios.

Es la carne entregada y la sangre derramada por amor a la humanidad, a cada uno de nosotros. Es el mismo Jesús que nos invita a dejarlo entrar en la totalidad de nuestra existencia, a hacerse uno en nosotros. Esta presencia carga de sentido nuestra vida. No solo recibimos a Aquel que nos ama con amor eterno e infinito, absoluto y misericordioso sino, también, a Aquel por quien fuimos llamados a la vida y a imagen de quien fuimos creados. Todos nosotros somos llamados a ser una imagen única, original e irrepetible de Jesús.

Configurarnos a Jesús es dejar que Él realice en nosotros el sueño que Dios tuvo cuando nos llamó a la vida. Aquí está la vida plena y verdadera: ser aquello para lo que fuimos creados.

Esto implica dos actitudes: abrazar nuestro ser, con sus talentos y límites, con sus virtudes y defectos, con su capacidad de amar y con sus egoísmos y vanidades. Y desde esta aceptación profunda de nuestro ser, desde esta valoración de nuestra existencia, descubrir cómo nos hizo el Señor, cuál es ese don único e irrepetible, ese regalo original que somos cada uno de nosotros para aquellos con quienes compartimos nuestra vida y para toda la humanidad.

Somos don cuando dejamos que el don de Dios, su presencia, habite en nosotros. El Dios donación nos hace donación para los demás. Jesús, presente en nuestras vidas, nos permite realizar ese sueño de Dios para el que fuimos creados. Aquí está el sentido más profundo de nuestra existencia, aquí está la vida plena, la vida en abundancia. Esa vida brota de Cristo, de su presencia en nosotros y de nuestra configuración a Él.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                         Sal 33, 2-3. 10-15
 
R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que los oigan los humildes y se alegren. R.
 
Teman al Señor, todos sus santos,
porque nada faltará a los que lo temen.
Los ricos se empobrecen y sufren hambre,
pero los que buscan al Señor no carecen de nada. R.
 
Vengan, hijos, escuchen:
voy a enseñarles el temor del Señor.
Quién es el hombre que ama la vida
y desea gozar de días felices? R.
 
Guarda tu lengua del mal,
y tus labios de palabras mentirosas.
Apártate del mal y practica el bien,
busca la paz y sigue tras ella. R