Comentario al Evangelio del XIV domingo durante el año

XIV domingo durante el año. 

Ciclo  B

7 de julio de 2024

Icono Cristo

Un profeta es despreciado solamente en su pueblo.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos           6, 1-6a 

    Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?» Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. 

    Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa.» Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y Él se asombraba de su falta de fe. 

Palabra del Señor

 

Queridas hermanas, queridos hermanos:

Jesús se presenta, en este Evangelio, como un profeta. Cuando nosotros fuimos bautizados, al ser ungidos con el Crisma, se nos dijo que quedábamos configurados a Cristo: sacerdote, profeta y rey. Todos nosotros estamos llamados a participar de la misión profética de Jesucristo.

El profeta es aquel que mira la vida con los ojos de Dios y desentraña en la realidad lo que el Señor nos quiere decir. El profeta anuncia el Reino, denuncia todo aquello que nos deshumaniza y abre caminos de esperanza, discerniendo los senderos por los que el Señor nos quiere llevar.

Decía el Papa San Juan Pablo II: La verdadera profecía nace de Dios, de la amistad con Él, de la escucha atenta de su Palabra en las diversas circunstancias de la historia… tras haber acogido la palabra en el diálogo de la oración, la proclama con la vida, con los labios y con los hechos, haciéndose portavoz de Dios contra el mal y contra el pecado… se manifiesta en la denuncia de todo aquello que contradice la voluntad de Dios y en el escudriñar nuevos caminos de actuación del Evangelio para la construcción del Reino de Dios (VC 85).

Como todos los años, en este cuatro de julio celebramos la entrega testimonial de nuestros cinco hermanos palotinos, asesinados por el terrorismo de estado en 1976. Ellos dieron su vida por asumir, en un momento muy difícil de nuestra historia, su misión profética. Si bien todo el pueblo de Dios está llamado a configurarse a Cristo profeta, la vida consagrada tiene una especial vocación profética. El Papa Francisco nos señala que la nota que caracteriza la vida consagrada es la profecía. Ellos no murieron, como algunos quieren hacerlos aparecer, defendiendo una bandera partidaria o por una opción ideológica. Murieron por defender el valor de la vida, la libertad, la justicia, en un momento en donde estos valores eran vulnerados por aquellos que se hicieron dueños del poder en la dictadura más cruel que sufrió nuestro país en toda su historia. Días antes de dar la vida, ante el avance de la violencia por parte del estado y el peligro que esto suponía dijeron que no podían callar, que tenían que ser fieles al Evangelio antes que a los poderosos de este mundo y que, por eso, no podían dejar de anunciar el valor de la vida y denunciar todo aquello que atentara contra ella. Dieron sus vidas por los valores del Evangelio, convirtiéndose en testigos de la fe.

No sólo la muerte de ellos fue un signo profético, también lo fueron sus vidas al servicio de Jesucristo y su pueblo, la Iglesia.

Que el Señor nos permita, desde nuestra participación en la misión profética de Jesucristo anunciar, con humildad y valentía, la Palabra de Dios que nos mueve a vivir un amor universal, sin exclusiones ni injustos privilegios. Que movidos por el amor a Dios y a los hombres, no dejemos de denunciar los mecanismos de la corrupción y la impunidad que posibilitan, en nuestro país, el desarrollo del narcotráfico, la trata de personas, la explotación infantil. Que trabajemos juntos por un mundo en donde las políticas económicas favorezcan el acceso de todos al alimento, al trabajo y a la vivienda. Que la luz del Evangelio nos mueva a construir una nación en donde no seamos una suma de individualidades sino un pueblo reunido por los valores que hacen que la vida de cada ciudadano sea respetada y en donde el bien común, construido por todos, nos permita rescatar la dignidad de cada hombre y mujer que habita en nuestra tierra.

El Reino del amor ya está entre nosotros porque el Señor está en medio nuestro. Esto nos anima a decir que otro mundo es posible y que un día ese otro mundo será una realidad.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                                 Sal 122, 1-4
 
R. Nuestros ojos miran al Señor,
hasta que se apiade de nosotros.

 
Levanto mis ojos hacia ti,
que habitas en el cielo. R.
 
Como los ojos de los servidores están fijos en las manos de su señor.
y los ojos de la servidora en las manos de su dueña:
así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,
hasta que se apiade de nosotros. R.
 
¡Ten piedad, Señor, ten piedad de nosotros,
porque estamos hartos de desprecios!
Nuestra alma está saturada de la burla de los arrogantes,
del desprecio de los orgullosos. R.