Comentario al Evangelio de Navidad

Natividad del Señor

Ciclo B

25 de diciembre de 2023

La Natividad de Fra Angélico

La Natividad de Fra Angélico

«¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!»
 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas           2, 1-14 

En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.

José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.

Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

«¡Gloria a Dios en las alturas,
y en la tierra, paz a los hombres amados por él!»

Palabra del Señor 

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Frente a lo que vivimos como humanidad nos asaltan, por momentos, sentimientos de agobio, incertidumbre, cansancio. La pandemia y sus consecuencias significaron un golpe muy fuerte a nuestra seguridad, muchos hemos experimentado pérdidas, algunas de forma traumáticas, miedos, encierros, sufrimiento, soledad. Superado ese momento, pensamos que, a partir de una experiencia tan intensa, íbamos a ser una humanidad diferente. Nuestras ilusiones se vieron frustradas; no bien finalizada la pandemia, surgieron nuevas guerras y enfrentamientos. La falta de credibilidad de los que conducen los destinos de nuestros pueblos nos ha llevado a buscar caminos polarizados que muchas veces nos enfrentan. Ciertamente, junto a esta realidad, nuestra cotidianidad nos presenta signos de bondad, de amistad y de compromiso con el bien que alimentan continuamente nuestra esperanza.

En medio de esta realidad hoy escuchamos la voz del Ángel que les dice a los pastores, uno de los grupos más excluidos y sufrientes del pueblo: No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo. ¿Y en qué consistió esa buena noticia, esa gran alegría? ¿En que se acababa todo mal e injusticia, toda violencia y exclusión? La buena noticia contenía un anuncio mucho más profundo todavía: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. 

Esta salvación va mucho más allá de lo coyuntural, va a la raíz de todo mal que es el pecado. ¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros? Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Sant 4, 1-2.

Hoy celebramos la Palabra que nos salva, nos salva de lo más profundo que hiere nuestra vida, del pecado. Hoy celebramos la luz que brilla en las tinieblas. La Palabra que nos lleva al encuentro con el sentido más profundo de nuestra existencia porque nos revela y realiza en nosotros aquello para lo que fuimos creados: el amor. La Palabra que nos permite levantar la cabeza para que no nos hundamos en el momento que vivimos, sino que podamos descubrir nuestro destino de eternidad y plenitud. El Dios hecho hombre se hace camino de vida, para que podamos compartir con Él la gloria que tiene junto a su Padre. El hijo de Dios se hace hombre para que los hombres nos convirtamos en hijos de Dios.

Hoy celebramos el momento de la historia en la que todo toma un nuevo sentido, en el que nuestra humanidad se llena de la presencia de Dios. Un Dios que continuamente le da sentido y trascendencia todo lo que vivimos.

Hoy podemos decir con fuerza: ¡Gloria a Dios en las alturas! Porque en medio de tanta violencia el Señor trae paz a nuestras vidas. En medio de las tinieblas, hoy el pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz. En medio de la tristeza, hoy, el Señor, ha multiplicado la alegría, ha acrecentado el gozo; porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz.

Hoy no sólo recordamos lo que pasó hace más de dos mil años. Hoy, el Emanuel, el Dios con nosotros, cobra una nueva presencia en nuestra humanidad. Hoy se actualiza en nuestra historia cotidiana el nacimiento del Salvador, Aquel que nos ama con amor eterno y para quien nada es imposible.

Una bendecida Navidad para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina 

SALMO RESPONSORIAL                                               Sal 95, 1-3. 11-13

R. Hoy nos ha nacido un Salvador:
el Mesías, el Señor.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

Día tras día, proclamen su victoria,
anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos. R.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque. R.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra
él gobernará al mundo con justicia
y a los pueblos con su verdad. R.