Comentario al Evangelio del XVI domingo durante el año

XVI domingo durante el año

CICLO A

23 de julio de 2023

Jesús 13

El Reino de los Cielos se parece
a un hombre que sembró buena semilla. 

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo         13, 24-30 

    Jesús propuso a la gente otra parábola:

    «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: «Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?»

    Él les respondió: «Esto lo ha hecho algún enemigo».

    Los peones replicaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?»

    «No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero»». 

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Recordemos que en el capítulo trece, Mateo reúne siete parábolas referidas al Reino de los Cielos. Cada una de estas parábolas toma un aspecto de este. Hoy se nos presenta una de ellas. 

Dios nos creo buenos. Sembró en nosotros buenas semillas. En el transcurso de la vida, muchas veces, ha aparecido la cizaña. El mal, el pecado, se va metiendo en nosotros, impidiendo que el bien se exprese en su plenitud. Esto nos impide ser felices, vivir en paz. Fuimos creados para el bien porque somos fruto del sumo bien que es Dios. Fuimos creados a su imagen y semejanza. Solo viviendo en el bien y haciendo el bien nuestra vida cobra sentido pleno.

Es interesante observar que el brote de la cizaña es muy parecido al brote del trigo; al comienzo cuesta distinguirlos. Recién cuando la cizaña crece se la puede identificar. A veces, no es fácil distinguir entre lo bueno y lo malo. Decisiones y opciones, aparentemente buenas, pueden tener una intención oculta o pueden causar daño, aún sin quererlo. Es importante ir afinando nuestra conciencia y preguntarnos si realmente lo que hacemos es para el bien, si está inspirado por el amor según Jesús, si en todo buscamos la gloria de Dios y el bien de las personas.

Estamos llamados a ser hombres y mujeres de discernimiento; en donde, a la luz de la Palabra, podamos distinguir, en cada momento de nuestras vidas, por dónde pasa el bien y por dónde pasa el mal, qué es lo que el Señor quiere de nosotros. El verdadero bien consiste en hacer la voluntad del Padre. La meditación de la Palabra de Dios, la oración, la vida sacramental, la contemplación de Dios en lo cotidiano, el acompañamiento espiritual de alguien preparado para esto, son medios que nos ayudan a discernir la voluntad de Dios. Ser fieles a esa voluntad es nuestro verdadero bien. Dios siempre quiere lo mejor para nosotros. Realizar su voluntad es construir la vida sobre roca, podrán venir viento y tempestades, pero la construcción permanece firme.

Es importante tener en claro que ninguna persona se identifica plenamente con el bien o plenamente con el mal. Tanto uno como el otro están presentes en todo corazón humano; aunque haya personas especialmente tomadas por el mal. Si quisiéramos eliminar al “malo” de un grupo o de la sociedad, no quedaría ninguno, ya que en todos está el mal, también dentro nuestro. No nos toca a nosotros pronunciar sentencia sobre las personas y su tiempo de conversión. Nos toca, distinguir entre el bien y el mal, alimentar el bien, ayudarnos unos a otros a crecer en él. Corregir, no es sinónimo de condenar. La corrección tiene que estar siempre motivada por la búsqueda del bien del otro y el reconocimiento de nuestro ser pecador. Somos invitados a la paciencia porque en todo corazón humano existe el bien y todos podemos cambiar en algún momento. No nos corresponde a nosotros poner los tiempos; estos son de Dios. Entre la siembra y la cosecha hay un largo tiempo, en el cual conviven el bien con el mal; en ese tiempo debemos animarnos en el bien unos a otros.

San Agustín dice: Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. 

Que podamos vivir la alegría de ser siempre buena semilla. Ahí donde está el mal, Dios lo quiere convertir en bien. Como Él, busquemos siempre transformar el mal en bien.

Un bendecido domingo,    

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                            Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a)
 
R. Tú, Señor, eres bueno e indulgente.

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica! R.
 
Todas las naciones que has creado vendrán a postrarse delante de ti,
y glorificarán tu Nombre, Señor,
porque Tú eres grande, Dios mío,
y eres el único que hace maravillas. R.
 
Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,
lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,
vuelve hacia mí tu rostro
y ten piedad de mí. R.