Comentario al Evangelio del XIII domingo durante el año

XIII domingo durante el año

CICLO A

2 de julio de 2023

Cristo pantocrator 4

El que pierda su vida por mí, la encontrará.

  

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo         10, 37-42

    Dijo Jesús a sus apóstoles:

    El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

    El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

    El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

    El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió.

    El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

    Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Este Evangelio es continuación del que escuchamos el domingo pasado, en donde Jesús nos advierte que todo aquel que quiera ser su discípulo deberá enfrentar incomprensiones y persecuciones. Inicia, haciendo referencia al amor de los hijos a sus padres y de los padres a sus hijos; dos dimensiones de amor muy intensas en la vida de una persona. A partir de aquí Jesús nos dice que para ser su discípulo debemos tener por Él un amor más grande aún del que tenemos por un hijo o por nuestros padres.

En la catequesis hemos aprendido que un sacramento es un signo a partir del cual Dios obra en nuestras vidas. Por ejemplo, en el signo del agua bautismal, el Espíritu Santo ha descendido a nosotros. En el signo del pan y el vino se hace presente el Cuerpo y la Sangre del Señor. El signo del perdón, en el Sacramento de la Reconciliación, nos absuelve de nuestros pecados. Los sacramentos son signos visibles que revelan una realidad más profunda aún.

El Evangelio de hoy nos invita a tener esta mirada sacramental de la vida. En toda persona, en todo acontecimiento, en todo lugar, Dios se hace presente en nuestra historia.

Cuando absolutizamos cada persona, acontecimiento, vínculo, etapa de la vida o actividad, como si ahí estuviera el sentido pleno de nuestra existencia, estamos absolutizando lo que no es absoluto; entonces, se produce en nosotros un profundo vacío. Le pedimos a las personas o a las cosas que ocupen el lugar de Dios en nuestras vidas. Como no son Dios, experimentamos la desazón. Nos volvemos injustos y demandantes con los demás, al exigirles que nos den lo que no pueden darnos. Una mirada sacramental de la vida nos permite disfrutar cada vínculo, cada persona, cada etapa del camino como una presencia del amor de Dios que se hace visible en las personas y en las experiencias cotidianas de la vida. El sacramento es siempre un signo detrás del cual Jesús actúa en nosotros. Los seres queridos son esos regalos amorosos de Dios que nos conducen a Él y que nos permiten gozar anticipadamente del encuentro definitivo con Él.  Cada persona representa, en nuestras vidas, un destello del amor de Dios. Por eso, cada persona nos lleva al encuentro con el Señor. Esto significa amarlo sobre todas las cosas.

Jesús va más lejos aún: habla de amar con un amor que nos lleve a entregar la propia vida, lo más valioso que tenemos, a entregarlo todo. Nuestra vida es un regalo de Dios, la hemos recibido gratuitamente; por eso, toda ella es para Él. Cuando se la entregamos totalmente, la ganamos. Fuimos creados a imagen de un Dios que es amor. Por eso, cuando damos la vida por amor, estamos encontrando el sentido más profundo de la vida y su dimensión de eternidad.

Ese amor a Dios nos lleva a recibirlo en cada persona que Dios pone en nuestro camino. Acoger a un discípulo del Señor es recibirlo a Él.

Amar a Dios como el fin último de nuestra existencia es dejar que ese amor sea la luz que orienta todas nuestras decisiones y opciones. 

San Ireneo nos recuerda: la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios.

Que podamos vivir nuestra vida encontrando y amando a Dios en todos y en todo.

Un bendecido domingo,        

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

  

SALMO RESPONSORIAL                                          Sal 88, 2-3. 16-19

R. Cantaré eternamente el amor del Señor.

Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo». R.

¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte!
Ellos caminarán a la luz de tu rostro;
se alegrarán sin cesar en tu Nombre,
serán exaltados a causa de tu justicia. R.

Porque Tú eres su gloria y su fuerza;
con tu favor, acrecientas nuestro poder.
Sí, el Señor es nuestro escudo,
el Santo de Israel es realmente nuestro rey. R.