Comentario al Evangelio de la Solemnidad de la Ssma. Trinidad

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

CICLO A

4 de junio de 2023

Icono de la Ssma. Trinidad de Rublev (1411)

Icono de la Ssma. Trinidad de Rublev (1411)

Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él . 

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan      3, 16-18


    Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

    El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. 

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

En el tiempo pascual, finalizado el domingo pasado con la fiesta de Pentecostés, hemos celebrado el amor del Padre, manifestado en la entrega pascual de su Hijo y en el envío del Espíritu Santo. Hoy la Iglesia nos invita a celebrar juntas las tres personas de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo que, viviendo en plenitud el amor, constituyen un único Dios.

Contemplar a la Trinidad es, por un lado, contemplar el misterio más hondo de nuestra Fe y es, también, contemplar el sentido más profundo de nuestra existencia.

El amor del Padre, hacia su Hijo, es pleno. Todo el Padre es para el Hijo y todo el Hijo es para el Padre, en un amor hecho persona en el Espíritu Santo. Es esa plenitud del amor lo que los constituye en la perfecta y plena unidad.

Nosotros, creados a imagen y semejanza de Dios, estamos llamados a vivir ese mismo amor que siempre nos conduce a la plenitud de la comunión. Es en la comunión en donde encontramos el sentido más hondo de nuestra existencia; fuimos creados a imagen y semejanza de un Dios comunión, fuimos creados para la unidad.

Nosotros participamos de ese amor trinitario, de la vida de la Trinidad, porque el Hijo de Dios nos unió para siempre a Él y porque el Espíritu del amor, el Espíritu de Dios vive en nosotros. Vivimos en Dios y Dios vive en nosotros. Solo en la medida en que vivamos sumergidos en esa vida de amor podremos amar con el amor de Dios y experimentar, de esta manera, la honda alegría de la comunión.

Esta fiesta nos invita a crecer en la intimidad con Jesús, camino al Padre y dador del Espíritu Santo.

Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Esta mirada de Dios es la que, cuando la hacemos nuestra mirada, nos conduce a la unidad. Poder mirar nuestro pecado y el pecado del otro como el lugar en donde Dios quiere obrar la redención. En nuestras relaciones interpersonales, muchas veces, lo primero que asalta nuestro pensamiento y nuestro sentir es la condenación. Lo primero que Dios mira, es la forma de redimir, de transformar, de sacar el bien del mal, de manifestar su amor en el perdón y en la conversión.

El discernimiento cristiano nos lleva siempre a identificar lo que está bien y lo que está mal. A la vez, a entregar nuestra vida para hacer presente la obra redentora de Dios. Nuestro pecado y el pecado de nuestros hermanos es el lugar en donde Dios quiere obrar la redención. Y este actuar redentor de Dios se realiza a través de cada uno de nosotros. La comunión, realizada por el amor, es fruto de esa búsqueda del bien de los otros, de todos los otros. No es condenando que redimimos sino haciendo presente a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y tenga vida eterna, vida en abundancia.

Que Él nos regale cada día esta mirada de amor que llena nuestra vida de gozo y de paz, porque es la mirada que nos lleva a experimentar la alegría de la perfecta comunión.

Una bendecida fiesta de la Unidad y del Amor,         

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                                    Dn 3, 52-56

R. A ti, eternamente, gloria y honor.

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
alabado y exaltado eternamente.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre,
alabado y exaltado eternamente. R.

Bendito seas en el Templo de tu santa gloria,
aclamado y glorificado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el trono de tu reino.
aclamado por encima de todo y exaltado eternamente. R.

Bendito seas Tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines,
alabado y exaltado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el firmamento del cielo,
aclamado y glorificado eternamente. R.