Comentario al Evangelio del VI domingo del tiempo pascual

VI DOMINGO DEL TIEMPO PASCUAL

CICLO A

14 de mayo de 2023

Paráclito
 
No los dejaré huérfanos. Volveré a ustedes.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan           14, 15-21 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

    «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.

    No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.

    El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.» 

Palabra del Señor.

  

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Este Evangelio es continuación del que proclamamos el pasado domingo. Las palabras de Jesús son pronunciadas en el contexto de su despedida. Él anuncia que se va al Padre. Esto deja muy triste a sus discípulos. Ciertamente viven sentimientos de orfandad y desamparo.

La orfandad es vacío interior, es ausencia del signo sensible del afecto, es soledad. Provoca en nosotros sufrimiento. Muchas veces nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos, con lo cual aumentamos el sentimiento de dolor. Vivimos un tiempo en donde no nos sentimos cuidados, un tiempo de incertidumbre. Vivimos un tiempo en el que no nos dejamos espacio para el diálogo. Nunca estuvimos tan conectados como lo estamos hoy, pero, quizá, nunca estuvimos tan aislados unos de otros. Podemos tener muchos seguidores en el Facebook, vivir pendientes de los mensajes, estar anoticiados de todo lo que pasa en el mundo, pero si no generamos vínculos de profundo y sincero diálogo nunca nos experimentaremos acompañados en el camino de la vida. Necesitamos un diálogo en el compartamos nuestros sentimientos más hondos, nuestra experiencia de la vida y de Dios, lo que nos duele y lo que nos alegra.

Jesús nos promete tres dones: el Espíritu Santo, el amor del Padre y su presencia en nuestras vidas. No nos deja huérfanos. Dentro poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán. La Fe nos permite encontrarnos siempre con el Señor. Él nos promete su retorno y el envío de otro paráclito, el Espíritu Santo. Juan muchas veces llama “paráclito” al Espíritu Santo. Es una palabra que abarca muchas expresiones, difícil de traducir. El paráclito es el que está al lado para ayudar, cuidar, asesorar, defender, iluminarnos en las situaciones difíciles. Es el Espíritu de la verdad que nos permite superar los errores.

El Espíritu Santo, el amor del Padre y la presencia de Jesús en nuestras vidas, nos hacen hermanos entre nosotros. Nos permiten compartir nuestra vida con generosidad, escucharnos desde la hondura del silencio, contenernos unos a otros, dialogar desde lo profundo de nuestro ser, animarnos con la Palabra de vida que siempre nos pone en movimiento, nos lleva al encuentro con el Padre y con los hermanos. Esa escucha que, como dicen las conclusiones de la etapa continental del Sínodo, requiere reconocer al otro como sujeto del propio viaje. Cuando lo conseguimos, los demás se sienten acogidos, no juzgados, libres de compartir su camino espiritual.

Hay una soledad que nos hace muy bien. La que nos lleva a crecer en la relación con el Padre, la que nos madura en la autonomía, la que nos permite conocernos, aceptarnos, amarnos. Es la soledad fecunda del que está bien consigo mismo y con Dios. No le escapemos a esta soledad. No la llenemos buscando querer saber todo lo que sucede, haciéndonos esclavos de las noticias que nos llegan por las redes sociales. Evadiendo nuestra realidad más profunda.

Escapemos de la otra soledad, la del aislamiento. Esa soledad no es buena. Toda soledad que no nos lleva a la comunión, nos hace mal. La soledad es para la comunión. Solo el encuentro con el Padre, la comunión con Jesús y los hermanos, llena de sentido nuestra existencia.

Dejemos que el Espíritu Santo realice en nosotros el mandamiento del amor. Amando desde y como Jesús, superamos todo sentimiento de orfandad y encierro. Vivamos la alegría de ser habitados por el Espíritu Santo. Gocemos de la presencia de Dios en nuestras vidas. Y dejemos que el Espíritu Santo nos lleve cada día a la plenitud de la unidad que solo se da en Cristo, por Él y con Él.

Un bendecido tiempo pascual para todos,         

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                  Sal 65, 1-3a. 4-7a. 16. 20

R. ¡Aclame al Señor toda la tierra!

¡Aclame al Señor toda la tierra!
¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
digan al Señor: «¡Qué admirables son tus obras!» R.

Toda la tierra se postra ante ti,
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.
Vengan a ver las obras del Señor,
las cosas admirables que hizo por los hombres. R.

El convirtió el Mar en tierra firme,
a pie atravesaron el Río.
Por eso, alegrémonos en él,
que gobierna eternamente con su fuerza. R.

Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia. R.