IV DOMINGO DEL TIEMPO PASCUAL
CICLO A
30 de abril de 2023

«Yo soy la puerta de las ovejas… Yo soy el buen Pastor…»
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 1-10
Jesús dijo a los fariseos:
«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz.»
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.»
Palabra del Señor.
Este cuarto domingo de Pascua es conocido como el domingo del Buen Pastor.
Jesús es la puerta del corral que nos permite encontrar el alimento, la que nos lleva al encuentro con el sentido más profundo de nuestras vidas. Él es la puerta de la salvación, la puerta hacia la eternidad.
Jesús es el buen pastor. El pueblo de Israel aplicaba el nombre de pastor a su rey, porque esperaba que cuidara al pueblo con la misma dedicación que los pastores a sus ovejas, que los protegiera de los enemigos y le garantizase el alimento necesario. Israel hace la experiencia de que ningún gobernante es totalmente un pastor. La mayoría de ellos se cuida a sí mismo y no atiende a las personas confiadas a él, en muchos casos hostigan a su pueblo y llevan una vida marcada por la corrupción ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!… yo mismo cuidaré de mi rebaño (Ez 34). El pueblo se experimenta triste y desencantado e invoca muchas veces a Dios para que le envíe un buen pastor. Al fin, llega a la conclusión que sólo Dios es el auténtico pastor y que sólo en Él tiene que poner su confianza: El Señor es mi pastor, nada me puede faltar, rezamos en el salmo responsorial de la misa de este domingo. Dios les promete, a través de los profetas, la llegada de ese pastor, un mesías que los conducirá por caminos de vida y libertad. Al declararse a sí mismo como el buen pastor, Jesús manifiesta su identidad mesiánica; llegó el pastor esperado.
No se trata de prescindir de las mediaciones humanas, de cerrarnos a la participación ciudadana, de no comprometernos en la construcción de un mundo diferente. No es cuestión de caer en actitudes mágicas esperando que todo suceda sin nuestra participación o en espiritualismos que nos llevan huir de la realidad y no asumir la vida como ella viene.
Se trata de no absolutizar las mediaciones, las personas, la política, los planes, los proyectos. Se trata de construir desde Dios y con Él. Se trata de no quedarnos en una esperanza meramente temporal, sino de levantar la vista y contemplar ese momento en que el Reino del amor llegará a su plenitud y habrá un solo rebaño y un solo pastor, ese momento en que Cristo será todo en todos, dejando que la Esperanza motive nuestro diario vivir. Se trata de elaborar nuestras frustraciones desde una mirada de Fe, desde una mirada pascual. De la muerte, Dios siempre saca la vida. De no buscar sólo las cosas de Dios sino a Dios mismo en todo.
Es esta mirada la que nos permite salir de la tristeza y el desencanto, la que nos mueve a comprometernos con una sociedad diferente, desde una confianza absoluta en la promesa de Aquel que es siempre fiel.
Que cada día podamos contemplar la maravilla de un Jesús resucitado que se hace presente con su Palabra en nuestras vidas. Nuestro Dios es un Dios que nos habla cada día a través de su Palabra y en los acontecimientos que vamos viviendo. Un Dios que nos regala su Cuerpo y su Sangre para habitar en nosotros, que nos hace partícipes cada día de su Pascua, permitiéndonos morir al pecado para resucitar a una vida nueva. Un pastor que nos alimenta, nos nutre, nos sostiene y nos defiende de todo mal.
Recemos, en esta jornada mundial de oración por las vocaciones, para que podamos ayudar a nuestros jóvenes a responder con confiante valentía al llamado de Jesús. El matrimonio, la soltería y viudez asumida y consagrada, las diferentes formas de vida consagrada, el diaconado y el sacerdocio, son llamados de Dios que realizan plenamente nuestra vida. Necesitamos pastores que hagan presente a Jesús, el buen pastor. Que amen al Padre y al pueblo de Dios con el mismo corazón de Jesús.
Un bendecido tiempo pascual para todos,
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina
SALMO RESPONSORIAL Sal 22, 1-6
R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. R.
Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.