Comentarios al Evangelio de la misa de la Vigilia Pascual y del domingo de Pascua

VIGILIA PASCUAL

DOMINGO DE PASCUA

Ciclo A

9 de abril de 2023

La resurrección de Cristo. El Greco

No está aquí, ha resucitado.

LES HACEMOS LLEGAR EL COMENTARIO A LOS EVANGELIOS QUE SE PROCLAMARÁN EN LA VIGILIA PASCUAL Y EN LA MISA DEL DOMINGO DE PASCUA.

 

VIGILIA PASCUAL 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas             24, 1-12 

    El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

    Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea: «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día»» Y las mujeres recordaron sus palabras.

    Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles, pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron.

    Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por lo que había sucedido.

Palabra del Señor

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Todos nosotros hemos hecho la experiencia de despedir a un ser querido. Estas mujeres fueron al sepulcro con el dolor propio de la pérdida. Cuando llegan, se sienten desconcertadas, el sepulcro está vacío.

Muchas veces nosotros, en el camino de la vida, nos sentimos desconcertados. Muchas cosas nos sorprenden. A veces, gratamente. Otras, dolorosamente. La muerte nos desconcierta. Vivimos un mundo cargado de novedades. Nos toca ser partícipes de un cambio acelerado de época. Las noticias, por lo general no son agradables, llegan aceleradamente a nuestras vidas y no tenemos tiempo ni espacio vital para procesar todo lo que vivimos como humanidad, como nación. En estos días, en el país de Jesús, se vive una violencia que genera dolor y muertes, como en tantas otras partes del mundo. La violencia cobra espacio, ante el avance del narcotráfico y la complicidad de gran parte del poder. La delincuencia y la violencia interpersonal parecen ganar cada más espacio. Vivimos en un país en donde casi la mitad de la población vive en la pobreza, como consecuencia de la ineficacia y la corrupción de sus diferentes gobiernos. Más de una vez quedamos desconcertados ante los signos de muerte.

En medio de la perplejidad, las mujeres reciben un anuncio de dos personas que, por sus vestimentas, parecen ser enviadas por Dios. ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. La promesa se ha cumplido. Ahí las mujeres hacen memoria de las palabras del Señor.

Hoy nosotros, después de casi dos mil años, recibimos el mismo anuncio ¡El Señor ha resucitado! Su resurrección ilumina nuestra vida. Quizá nada, a nuestro alrededor, cambiará inmediatamente, pero nuestra vida se ve iluminada por la resurrección del Señor.

Cuando los discípulos se encontraron personalmente con el Resucitado, sus vidas se transformaron: perdieron el miedo en medio de la persecución y los conflictos, renació en ellos la alegría en medio de tantas injusticias y violencias, volvieron a la comunidad e hicieron de sus vidas un anuncio permanente de Jesús resucitado, vivieron el gozo de la vida en medio de la muerte. El Evangelio proclamado, la buena noticia de la resurrección, fue transformando corazones, actitudes. Fueron surgiendo comunidades unidas en el amor fraterno, orantes, celebrativas, misioneras.

El encuentro con el Resucitado, siempre transforma nuestras vidas, nos abre a la esperanza, da sentido a todo lo que vivimos, incluso a la muerte y al dolor, nos renueva en el amor y nos convierte en testigos gozosos del Evangelio.

Vivimos en Cristo, somos su cuerpo. Su resurrección es nuestra resurrección. Este anuncio nos llena de gozo porque sabemos que nuestra comunión con el resucitado nos hace partícipes de su vida.

Esto nos llena de confianza. En su resurrección hoy el Señor nos vuelve a decir: no tengan miedo, yo estaré para siempre con ustedes.

La presencia del Resucitado en nosotros nos permite modelar nuestro corazón a semejanza del suyo.

Este anuncio les da a nuestras existencias, dimensiones de eternidad. Nos da la profunda alegría de saber que un día participaremos plenamente de su resurrección viviendo con Él para siempre y participando del banquete del encuentro final, con Él y con todos los seres que amamos.

Creemos no sólo en la inmortalidad del alma. En el Credo afirmamos nuestra Fe en la resurrección de la carne. Un día seremos revestidos de un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en donde el pecado, el dolor y la muerte, ya no existirán.

Una bendecida pascua para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

SALMO                                                                          Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23

R. Aleluia, aleluia, aleluia.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos. R.

 

MISA DEL DÍA

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan                 20, 1-9 

    El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

    Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Los distintos evangelistas subrayan diferentes aspectos de la resurrección. No están interesados en hacernos un relato histórico sino en señalar los elementos constitutivos de nuestra fe, revelados por Jesús; por eso, no coinciden en el desarrollo de los acontecimientos.

En este relato vemos a una mujer, María Magdalena que, demostrando su amor al Señor, va muy temprano al sepulcro. Es el primer día de la semana, cuando todo comienza. La Resurrección del Señor hace nuevas todas las cosas. Con Él morimos al pecado y renacemos a una vida nueva. Él asume nuestra carne de pecado y la lleva al gesto supremo del amor, dar la vida; de esa manera, nos reconcilia para siempre con el Padre.

María Magdalena se asusta: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Cuando parte un ser querido, tendemos a aferrarnos a lo que nos queda visible de él: sus pertenencias, su recuerdo, su cuerpo. Jesús no estaba allí, no lo busquemos entre los muertos. ¡La muerte fue vencida! No tiene poder sobre Jesús y, por Él, no tiene poder sobre nosotros. Pascua es el triunfo de la vida.

Con dolor, María Magdalena corre a buscar a Pedro y a los otros discípulos. Ellos van y comprueban lo que ella les había dicho. Todavía no entiende lo sucedido. El discípulo amado: ve y cree.

Pascua es encuentro con el Resucitado. Encuentro al que estamos llamados todos los días de nuestra vida. Encuentro en el que Él nos manifiesta su amor y nos invita a amarlo. Nosotros somos sus discípulos amados y a nosotros nos pregunta cada día: ¿me amas? Y es en ese vínculo de amor que crece nuestra comunión con el Resucitado. Comunión que nos lleva a compartir la vida nueva en el amor. Comunión que nos abre a la Esperanza. El pecado y la muerte han sido vencidos y esto le da un sentido hondo y feliz a nuestras vidas.

Cuando los discípulos se encuentran con Jesús resucitado, sus vidas se transforman. Como decíamos ayer: perdieron el miedo, renació en ellos la alegría, volvieron a la comunidad e hicieron de sus vidas un anuncio permanente de Jesús resucitado. El encuentro con el Resucitado siempre transforma nuestras vidas, nos abre a la esperanza, da sentido a todo lo que vivimos, incluso a la muerte y al dolor, nos renueva en el amor y nos convierte en testigos gozosos del Evangelio.

Una feliz Pascua para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina