VI Domingo durante el año
CICLO A
12 de febrero de 2023.

Moisés rompiendo las tablas de la ley. Rembrandt
“Se dijo a los antepasados…
pero yo les digo”
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 20-22a. 27-28. 33-34a. 37
Jesús dijo a sus discípulos:
Les aseguro que, si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: «No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal». Pero Yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal.
Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero Yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: «No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor». Pero Yo les digo que no juren de ningún modo.
Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.
Palabra del Señor
Queridas hermanas y queridos hermanos:
En este Evangelio, Jesús hace referencia a la justicia de los fariseos. Estos eran un partido político religioso que nació en Israel, en un momento en donde la vida religiosa del pueblo estaba en peligro, por el contacto con otros pueblos y culturas. Ellos querían conducir al pueblo a la pureza de lo religioso por medio del estricto cumplimiento de la Ley. Los escribas y fariseos veían en este rígido cumplimiento, el camino de salvación y fidelidad a Dios. Jesús nos invita a superar esta actitud, a ir más allá del mero cumplimiento de la Ley.
En lo cotidiano de nuestro vivir vemos como, muchas veces, nos cuesta cumplir con las leyes civiles, incluso cuando estas son justas y hacen al bien de las personas. La anomia se ha instalado en muchos de nuestros países. En el fondo hay una pérdida del sentido del bien común, del respeto al derecho del otro, de falta de compromiso con aquello que hace al bien de los demás.
Sin lugar a duda, la ley es necesaria para el sustento de una sociedad o de una comunidad. El problema se presenta cuando absolutizamos la ley como camino de fidelidad a Dios. Esto sucede cuando nuestras leyes y tradiciones traicionan el querer de Dios o ponemos toda ley en el mismo nivel. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres. También cuando separamos la ley del bien de las personas y del respeto a la vida. Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios (que es el mandamiento del amor). Es más, muchas veces, en nombre del fiel cumplimiento de la ley, faltamos al precepto principal de la caridad.
En nuestra vida de cristianos, podemos reducir la experiencia de nuestra fe a un mero cumplimiento legal, centrándonos sólo en la represión de actos externos; con lo cual conformamos una imagen de perfección y no hacemos un auténtico proceso de crecimiento. Reprimimos lo que está mal, modificando exteriormente nuestra conducta y nada cambia en nuestro interior. Esto, inevitablemente, nos hace sentir mal.
Crecer en el camino del seguimiento de Jesús implica dejar que su vida se haga vida en nosotros. Es asumir a Jesús como el camino que nos conduce a la vida y nos permite vivir en la verdad. Dejar que el actuar de Dios en nosotros convierta nuestra mirada y nuestro corazón. Dejar que Él sane lo que no está bien en nuestro interior. Esto nos conduce a vivir encarnadamente el Evangelio y nos da la paz y la alegría que todos buscamos.
Desde esta opción, me parece importante aclarar que los deseos desordenados, los pensamientos y sentimientos negativos, las imaginaciones impuras que aparecen en nuestra mente y en nuestro corazón, no son, en primer lugar, pecado. Ellos no dependen de nuestra libertad, no son queridos por nosotros, simplemente aparecen. El pecado comienza cuando consentimos en ellos y no hacemos nada por superarlos. Estamos en situación de pecado cuando nos dejamos conducir por ellos y cuando no ponemos las mediaciones necesarias para que el Señor los purifique y nos convierta.
Seguir a Jesús implica abrir nuestra vida al encuentro cotidiano con el Señor. Es el Espíritu Santo el que conforma nuestro corazón al corazón de Jesús. Decía Santa Benedicta de la Cruz (Edith Stein): En el diálogo amoroso de un alma con Dios germinan los grandes acontecimientos que cambian el rumbo de la historia.
Un bendecido domingo para todos,
P. Rodolfo Pedro Capalozza SAC
Centro de Espiritualidad Palotina
SALMO RESPONSORIAL Sal 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34
R. Felices los que siguen la ley del Señor.
Felices los que van por un camino intachable,
los que siguen la ley del Señor.
Felices los que cumplen sus prescripciones
y lo buscan de todo corazón. R.
Tú promulgaste tus mandamientos
para que se cumplieran íntegramente.
¡Ojalá yo me mantenga firme
en la observancia de tus preceptos! R.
Sé bueno con tu servidor,
para que yo viva y pueda cumplir tu palabra.
Abre mis ojos,
para que contemple las maravillas de tu ley. R.
Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos,
y yo los cumpliré a la perfección.
Instrúyeme, para que observe tu ley
y la cumpla de todo corazón. R.