Comentario al Evangelio de la fiesta de Pentecostés

PENTECOSTÉS

Ciclo C

5 de junio de 2022

Pentecostés_(El_Greco,_1597)

Como el Padre me envió a mí,
yo también los envío a ustedes:
Reciban el Espíritu Santo.

 

 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan          20, 19-23

     Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»

    Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

    Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.»

Palabra del Señor

 

Queridas hermanas, queridos hermanos:

En este breve relato aparecen cinco temas que hacen a la esencia de nuestra vida cristiana y están íntimamente relacionados entre sí: la paz, la alegría, el envío, la efusión del Espíritu Santo y el perdón.

Nosotros solo podemos hace memoria existencial de Jesús, de su Evangelio, por la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Por la acción del Espíritu, la vida de Jesús se hace vida en nosotros. Sin el Espíritu Santo el Evangelio sería letra muerta.

Esta vida, animada por el Espíritu y fundada en el Evangelio, encuentra su núcleo en el amor misericordioso de Dios. Un Dios que nos invita a ser misericordiosos. Sean misericordiosos como el Padre de ustedes es misericordioso. La misericordia se expresa en el perdón y en la mirada redentora del pecado. Dios quiere nuestra salvación, Dios quiere nuestra redención.  El Espíritu que el Señor nos envió y que se reaviva en nosotros en cada Pentecostés, es el Espíritu del perdón y la reconciliación.

Una reconciliación que no niega ni la verdad ni la justicia pero que las supera. Es un paso más allá que solo podemos dar por la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Es buscar afanosamente la verdad y trabajar por la justicia, animados por la búsqueda del bien de todos, sin exclusión. Una justicia sin caridad termina siendo venganza. Una verdad sin misericordia termina hundiéndonos en el vacío.

Es esta la fuente de nuestra paz y de nuestra alegría profunda. Solo tenemos paz, libertad interior, alegría, si recorremos un camino de perdón. Somos imagen y semejanza de un Dios misericordia. En la misericordia encontramos la plenitud de nuestra vida.

El Señor nos envía, en cada Pentecostés, a ser anunciadores de esta vida nueva fundada en el amor misericordioso. No somos anunciadores de una doctrina o de una ideología, somos enviados a hacer presente el mensaje de la reconciliación.

Es el Espíritu que nos hace hermanos en Cristo, hijos de un mismo Padre. Nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.

Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.

En Pentecostés llega a su plenitud el tiempo pascual. La vida del resucitado, vida de misericordia y redención, se hace presente en nosotros por la acción del Espíritu Santo. Él habita en nosotros y recibimos su efusión en cada celebración litúrgica, en la escucha de su Palabra, en la apertura del corazón, cuando lo invocamos con sinceridad y confianza.

El Señor se les aparece y les comunica el Espíritu, el primer día de la semana, cuando todo comienza de nuevo. Pentecostés es vida nueva en el amor. El perdón hace nuevas todas las cosas. Que en este Pentecostés experimentemos la alegría de ser perdonados y de perdonar. Que podamos proclamar al mundo el mensaje de la paz, fundados en la acción del Espíritu Santo que hace de todos los pueblos, un solo pueblo.

Un bendecido Pentecostés,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO                                                        Sal 103, 1ab. 24ac. 29b-31. 34

R. Señor, envía tu Espíritu
y renueva la faz de la tierra.

Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
¡Qué variadas son tus obras, Señor!
la tierra está llena de tus criaturas! R.

Si les quitas el aliento,
expiran y vuelven al polvo.
Si envías tu aliento, son creados,
y renuevas la superficie de la tierra. R.

¡Gloria al Señor para siempre,
alégrese el Señor por sus obras!
que mi canto le sea agradable,
y yo me alegraré en el Señor. R.