Comentario al Evangelio del V domingo de Pascua

V DOMINGO DE PASCUA

Ciclo C

15 de mayo de 2022

Jesús compartiendo la cena

Como yo los he amado,
ámense también ustedes los unos a los otros.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   13, 31-33a. 34-35 

Después que Judas salió, Jesús dijo:

«Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.

Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes.

Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.»

Palabra del Señor

 

Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Jesús se está despidiendo. Este discurso se encuadra dentro del género llamado testamento, arraigado en la literatura bíblica (Gn 49, Dt 32-33, 1 Sm 12, 2 Sm 23, 1 Re 2) y en la literatura profana de la época. Se trata de las últimas palabras pronunciadas por alguien, antes de la partida y dirigidas a los seres queridos. Se suelen entremezclar recuerdos, consejos, instrucciones.  En las últimas palabras, la persona expresa, por lo general, aquello que quiere que perdure, que quede como herencia. El mandamiento nuevo se encuadra dentro de este contexto.

La palabra griega que se traduce como nuevo: kainos, no es sólo novedad en el tiempo sino, también, novedad cualitativa. Indica una superioridad frente a lo anterior. El mandamiento del amor ya existía en el antiguo testamento Es nuevo porque, ahora, la vida de Jesús, su modo de amar, es la medida de nuestro amor. Un amor de total donación, amor de misericordia y perdón, amor redentor. Él dio la vida incluso por aquellos que le quitaron la vida. Es nuevo porque implica creatividad. En cada momento estamos llamados a preguntarnos cómo sería el amor de Jesús en esta circunstancia, ante esta persona o ante esta realidad.

Nos da el mandamiento nuevo. Juan usa el verbo: didonai, que significa don, regalo.  El mandamiento del amor es don de Dios. Él lo hace posible en nuestras vidas.

El vocablo que usa para decir mandamiento significa revelación de la voluntad. Esto es lo que Dios quiere de nosotros: que nos amemos.

Usa el singular: mandamiento. Los judíos tenían más de seiscientos mandamientos. El amor es el mandamiento fundamental, del cual dependen todos los otros mandamientos que, en el fondo, terminan siendo expresión de ese único mandamiento.

Amar es gozar de la presencia de los otros en nuestras vidas. Es generar y disfrutar vínculos de encuentro y reciprocidad. Es el amor de complacencia. Amar es encontrar el bien más grande, aquel para el cual fuimos creados, en el compromiso de toda nuestra vida con el bien de los demás. Amamos cuando el núcleo vital de nuestra existencia es la búsqueda del bien de todos aquellos que Dios pone en nuestro camino. Amor de ágape. Jesús pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.

Es interesante ver cómo Jesús habla de glorificación en el momento en el que está próximo a dar la vida por amor. En el momento en el que es entregado. Entregar nuestra vida por amor al Padre y a los hermanos, nos lleva a la experiencia gozosa de la gloria de Dios. Fuimos creados para amar y cuánto más hondo es nuestro amor, más honda es nuestra alegría. La cruz fue para Jesús la consecuencia de su opción por el amor, por la justicia y la verdad. Lo mataron porque le dijo no a la corrupción, a la mentira y a la soberbia de los que detentaban el poder. Por eso, la cruz fue el momento culminante de una vida vivida en el amor, fue el momento culminante de su amor a la humanidad y al Padre. En esa cruz, vivida como consecuencia del amor, encontró la gloria, la infinita alegría del encuentro con el Padre. El amor nos abre a la experiencia de cielos y tierras nuevas. Por eso, al despedirse, nos deja este mandamiento nuevo. A Jesús resucitado y lleno de gloria lo encontraremos en cada gesto de amor. Ahí está la gloria, su presencia de luz es la que llena nuestra vida de alegría y paz.

Queridas hermanas y queridos hermanos: Démosle gracias al Señor porque su presencia nos permite amar con su mismo amor y, de esta manera, participar de su misma gloria.

Un bendecido tiempo pascual,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO                                                                               Sal 144, 8-13a

R. Bendeciré tu Nombre eternamente,
Dios mío, el único Rey.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas. R.

Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder. R.

Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre. R.