Comentario al Evangelio del IV domingo de Pascua

IV DOMINGO DE PASCUA

Ciclo C

8 de mayo de 2022

El buen Pastor

Yo soy el buen Pastor:
conozco a mis ovejas, y ellas me siguen.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan          10, 27-30 

En aquel tiempo, Jesús dijo:

      «Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa.» 

Palabra del Señor

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Vivir en un lugar en donde nadie nos conoce y no conocemos a nadie comporta una experiencia de honda soledad. Es el mutuo conocimiento lo que nos permite ir generando vínculos. Conocer en la Biblia significa, precisamente, generar un vínculo de intimidad en donde nos hermanamos. Conocer es entrar en la vida de otra persona y dejar que ella entre en mi vida para generar una relación vincular que nos una. Fuimos creados para la comunión, necesitamos generar vínculos. Por eso Jesús dice; el Padre y yo somos una sola cosa. Se conocen absolutamente, se aman en totalidad.

En estos pocos versículos, que hemos leído en el Evangelio de hoy, Jesús define su relación con nosotros. Nos conoce más de lo que nosotros nos conocemos. Fuimos creador por Él y para Él. El tejió nuestra vida desde las entrañas maternas. Nos ama con la infinitud y ternura que solo Él puede tener. Por eso hoy nos invita a escucharlo. Mis ovejas escuchan mi voz.

Escuchar es más que oír. Implica apertura de corazón y de mente. La escucha necesita condiciones y tiempo. Cuánto necesitamos dejarnos tiempo y hacer silencio interior para escuchar al Señor. Sólo Él tiene palabras de vida eterna.

Es esta escucha cotidiana la que nos permite conocerlo cada día más. Escucha que implica contemplar la vida detectando tantos signos cotidianos de su amor. Hemos perdido la dimensión contemplativa de la vida. Vivimos en una fiebre de actividades y consumos que no nos permiten conectarnos con la presencia de Dios en la naturaleza, en las personas que nos rodean, en los acontecimientos que nos toca vivir. Quizá, por esto, nos sentimos muchas veces tan cansados y agobiados. La contemplación nos lleva a descansar en Aquel que nos ama con amor eterno.

Escuchar es, también, leer su Palabra dejando que ella ilumine nuestra realidad, nos abra a nuevas dimensiones, ubique el presente dentro de una gran historia de salvación. Escucharlo es descubrir qué es lo que Él nos quiere regalar en cada momento de nuestras vidas; en el dolor, en las dificultades, en la alegría, en la paz.

Necesitamos dejar el aturdimiento para hacer silencio y conectarnos con aquel que es la fuente de nuestra vida.

Pero hay algo más. Mis ovejas escuchan mi voz… y ellas me siguen. La escucha nos hace discípulos, seguidores del Señor. Es lo que hace que Jesús sea el camino que nos conduce al Padre y nos lleve por rumbos de eternidad. Yo les doy Vida eterna. Escuchar es preguntarle al Señor qué quiere de nosotros en cada momento de nuestra vida. Es responderle confiando en la fuerza que nos viene de lo alto.

Pidámosle al Señor que no falten en la Iglesia hombres y mujeres que anuncien su Palabra. Que no falten pastores que lo hagan presente, en medio de su pueblo. Que, escuchando el llamado de Dios, muchos hombres y mujeres consagren de una manera especial su vida al Señor. Y que el matrimonio, la soltería asumida, la viudez sean estados de vida en los cuales amemos al Señor, siguiéndolo por los rumbos por los cuales Él nos quiera llevar.

En el domingo del Buen Pastor pidámosle, también, que cada uno de nosotros nos dejemos cuidar y guiar por Él. Que nos dé, cada día un oído atento y un corazón abierto a su infinito amor.

Un bendecido domingo del Buen Pastor,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO                                                                               Sal 99, 1b-3. 5

R. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclame al Señor toda la tierra,
sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos. R.

Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones. R.