II domingo de cuaresma
Ciclo C
13 de febrero de 2022
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Icono de la Transfiguración de tradición bizantina
«Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo.»
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 28b-36
Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Él no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo.» Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo.
Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.
Palabra del Señor.
Queridas hermanas y queridos hermanos:
Este acontecimiento, que nos narra el Evangelio de hoy se conoce como la Transfiguración. Está narrado en los tres evangelios sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas. Cada uno de ellos subraya algunos aspectos particulares. Lucas acentúa la imagen de un Jesús orante: subió a la montaña para orar.
La experiencia de la transfiguración se ubica entre el primer y segundo anuncio de la pasión; e inmediatamente antes de la subida a Jerusalén, lugar de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Es interesante, las coincidencias entre la transfiguración y la última noche de Jesús, en la angustiosa oración del Monte de los Olivos. En ambas están presentes los mismos tres discípulos, las dos experiencias se dan en la montaña, en ambas aparecen los apóstoles con sueño y en las dos aparece Jesús orando. La diferencia la marca Jesús: glorioso en la Transfiguración, doloroso en la pasión.
Durante la escena de la transfiguración, reciben luz sobre la partida del Señor, es decir la muerte, que se iba a cumplir en Jerusalén. Para hablar de la partida, Lucas usa la palabra “éxodo”, en referencia al camino del pueblo de Dios hacia su tierra definitiva. Moisés y Elías aparecen, como Jesús, con una figura gloriosa, finalizaron su “éxodo” y llegaron a la gloria prometida mediante tribulaciones y persecuciones. Así sucederá con Jesús.
Moisés representa la Ley y, Elías, es el símbolo de los profetas. A través de la Ley y los profetas, Dios le habló a su pueblo en el Antiguo Testamento. Ahora ellos desaparecen y se escucha la voz del Padre, diciendo: Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo. De esta forma anuncia dos novedades respecto al mesías que la mayoría de los judíos esperaban: se trata de su propio Hijo, el elegido. Jesucristo es la plenitud de la Ley y de las profecías. Ahora es a Él a quien hay que escuchar.
Cuaresma, queridos hermanos, es encuentro con la Palabra, que es Jesucristo. Es tiempo de oración. Orar es unir nuestra cruz a la cruz del Señor, como camino hacia la resurrección final. Orar es dejar que el Espíritu tome cuenta de nuestra vida y haga de ella un éxodo a la gloria definitiva. Es escuchar al Padre y contemplar a Jesús resucitado. Es asumir la historia de cada uno como una historia de salvación que nos conduce a la gloria como destino final de la historia.
Orar es, a pesar del sueño, mantenerse despierto para escuchar su Palabra y dejar que ella le dé sentido a nuestras vidas. Es dejar que Jesús me mire y mirarlo, en silencio y en soledad. Es contemplarlo en cada acontecimiento de la vida, en cada rostro, en cada momento de dolor y de alegría.
Orar es dejar que Jesús me comunique la vida en cada sacramento. Es hacer de la Liturgia la gran alabanza al Padre por medio de Jesús y movidos por el Espíritu Santo. Es contemplarlo en la eucaristía y descubrirlo en el dolor de la humanidad. Es escucharlo en la necesidad de salvación que tiene el mundo de hoy y responder a ella desde nuestro compromiso misionero.
Orar es experimentar el amor eterno del Padre, manifestado en su Palabra, en Cristo Jesús.
Una bendecida cuaresma para todos,
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina
SALMO RESPONSORIAL Sal 26, 1. 7-9. 13-14
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? R.
¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste:
«Busquen mi rostro.» R.
Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor, Tú, que eres mi ayuda;
no me dejes ni me abandones,
mi Dios y mi salvador. R.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.