Comentario al Evangelio del II domingo de Navidad

II domingo de Navidad

2 de enero de 2022

Cristo

Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba
junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
  

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan       1, 1-5. 9-14

Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la percibieron.
La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Este himno es conocido como el prólogo del Evangelio según san Juan. Posiblemente se trata de la adaptación de un himno rezado por la primitiva comunidad cristiana y que fue ubicado al inicio del Evangelio. En él se lo presenta al hijo de Dios como la Palabra hecha carne.

La palabra es todo aquello con lo cual nos comunicamos: nuestros gestos y silencios, nuestras miradas y nuestras posturas, nuestra voz y nuestras escrituras, nuestros cantos y nuestras expresiones corporales. El arte y el pensamiento, el sentimiento y la emoción, nuestros afectos y nuestros disgustos, nuestras alegrías y tristezas, se hacen visibles a través de la palabra. Con la palabra nos comunicamos a nosotros mismos; con la palabra nos hacemos presentes en la vida de los otros, con ella damos visibilidad a nuestra existencia.

Jesucristo es la Palabra porque en Él, el Padre nos manifiesta todo lo que tiene para comunicarnos. Él es la visibilidad de Dios al mundo, es la presencia viva de Dios en la vida de los hombres.

Toda la Biblia nos transmite una única Palabra, al hijo de Dios hecho hombre. «Recuerden que es una misma Palabra de Dios la que se extiende en todas las escrituras, que es un mismo Verbo que resuena en la boca de todos los escritores sagrados, el que, siendo al comienzo Dios junto a Dios, no necesita sílabas porque no está sometido al tiempo (San Agustín,  Enarratio in Psalmum, 103,4,1).

Es una Palabra que ilumina y que realiza en nosotros aquellos que nos dice. En el comentario al Evangelio de la fiesta de Santa María Madre de Dios, veíamos que ella le dice al Señor: «… que se cumpla en mí lo que has dicho» Ella percibe con claridad que esa Palabra que Dios le dirigía realizaba en su vida aquello que le pedía. La Palabra genera vida en nosotros, transforma nuestro corazón, anima nuestra voluntad, ilumina nuestra inteligencia.

Navidad es tiempo para contemplar la Palabra hecha carne. Esa Palabra que nos habita y que quiere llenar toda nuestra existencia. Hoy más que nunca necesitamos momentos de silencio para contemplar la Palabra y dejar que ella nos transforme. Necesitamos descubrir su presencia en cada acontecimiento de la vida y dejar que ella nos conduzca y fortalezca. De esta pandemia saldremos mejor o peor, dependiendo de cómo escuchemos lo que Dios nos está diciendo. En los momentos difíciles de la vida hay una fuerte manifestación de Dios que viene a nosotros para fortalecernos y para sacar el bien hasta del mismo mal.

Es la Palabra que nos da el poder ser hijos de Dios y, por eso, amados del Padre y herederos de su gloria. 

Un bendecido año para todos ustedes.

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                   Sal 147, 12-15. 19-20

R. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

El asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente. R.

Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos. R.