Comentario al Evangelio de la fiesta de Santa María, Madre de Dios

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS. 

JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ. 

1 de enero de 2022

María con niño Jesus

MARÍA CONSERVABA ESTAS COSAS
Y LAS MEDITABA EN SU CORAZÓN.

 

 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas          2, 16-21 

Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.

Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

La Virgen María es la madre que da a luz al mismo Dios hecho hombre. Jesucristo es plenamente Dios y plenamente hombre; en la misma persona se dan ambas naturalezas, la humana y la divina. Por eso, María, al ser la madre de esa única persona, es Madre de Dios (Theotókos). Así lo definió el Concilio de Éfeso ya en el año 431.

El Papa Pío XI, en 1931, al cumplirse 1500 años de la celebración de este Concilio, estableció la celebración de esta fiesta de Santa María, Madre de Dios, el día 11 de octubre, para toda la Iglesia en occidente, en recuerdo de la definición conciliar. Con la reforma litúrgica, que tuvo su origen en el Concilio Vaticano II, se volvió a celebrar esta fiesta en el tiempo de Navidad, siguiendo una antigua tradición. Con la fiesta de la maternidad divina de la Virgen María, el primero de enero, concluye la octava de la Navidad e iniciamos un nuevo año civil. Celebramos, también, en este día, la Jornada Mundial de la Paz. Este año con el lema: «Educación, trabajo, diálogo entre generaciones».

María ocupa un lugar especial en la historia de la Salvación. El Concilio Vaticano II nos enseña que María contribuye de modo singular a la Salvación de los hombres, participando de una manera especial en la obra redentora de su Hijo. Es por esto que, como mujer, manifiesta ese fuerte amor maternal de Dios en nuestras vidas. Es, también, como ser humano, un modelo singular de discípula del Señor.

San Agustín nos dice: “Ciertamente, cumplió Santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo”.

En este Adviento y tiempo Navideño he pensado mucho en la persona de María. Es interesante notar su respuesta ante el anuncio de que va a ser la madre del hijo de Dios. María no le responde que va a hacer la voluntad de Dios. Ella le dice: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho» Tiene plena conciencia de que es el Señor el que realiza todas las cosas para el bien de los que Él ama. María se abre al actuar de Dios y lo hace desde una total actitud de servicio, con plena disponibilidad.

En Patris Corde, el Papa Francisco, refiriéndose a San José dice: La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Recibe la vida como la vida viene y responde desde una plena confianza en el actuar de Dios.

Que, en esta jornada mundial de la paz, al inicio de un nuevo año, el Señor nos regale esa paz, fruto del que acepta la voluntad de Dios y deja que el Señor obre en su vida. La paz surge en nosotros cuando como María y José recibimos la vida desde la confianza en el amor de Dios y dejamos que Él obre su voluntad. Esto implica una actitud de escucha contemplativa, respuesta servicial y entrega generosa. María es la mujer contemplativa que medita el actuar de Dios, lo guarda en su corazón, responde con la actitud de una servidora fiel y toda su existencia es vivida en clave de generosa entrega.

Buscando la paz queremos construir juntos una sociedad fundada en el diálogo, la educación y el trabajo. 

«QUE EL SEÑOR TE BENDIGA Y TE PROTEJA. QUE EL SEÑOR HAGA BRILLAR SU ROSTRO SOBRE TI Y TE MUESTRE SU GRACIA. QUE EL SEÑOR TE DESCUBRA SU ROSTRO Y TE CONCEDA LA PAZ.» 

Un bendecido año para todos ustedes. 

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                         Sal 66, 2-3. 5. 6. 8

R. El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra. R.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra. R.