Comentario al Evangelio del II domingo de Adviento

II domingo de Adviento.

Ciclo C

5 de diciembre de 2021

Andrei Rublyov, San Juan Bautista.

Universidad Francisco Marroquín.  Andrei Rublyov, San Juan Bautista.

Preparen el camino del Señor,
allanen sus senderos.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas             3, 1-6 

El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: 

«Una voz grita en el desierto:
Preparen el camino del Señor,
allanen sus senderos.
Los valles serán rellenados,
las montañas y las colinas serán aplanadas.
Serán enderezados los senderos sinuosos
y nivelados los caminos desparejos.
Entonces, todos los hombres
verán la Salvación de Dios».

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Lucas es preciso en la ubicación histórica del momento en el que Dios dirigió la Palabra a Juan. En Juan Bautista, el último de los profetas, Dios le ofrece a su pueblo una nueva oportunidad de conversión. A través de él, Dios prepara los caminos de Aquel que puede realizar en nosotros esa conversión: Jesucristo, el Emanuel, el Dios con nosotros. Juan, estando en el desierto, responde con prontitud al llamado de Dios y asume la misión que se le encomienda.

Me parece que esta respuesta de Juan ilumina profundamente nuestro camino de vida cristiana, sobre todo en este contexto histórico cultural en el que vivimos.

Como compartí en otras oportunidades, pienso que uno de los valores de la cultura actual es la valoración de la subjetividad. Hoy tenemos mucho más en cuenta nuestro sentir, nuestras necesidades, el cuidado de nuestra salud psíquica y corporal, nuestra realización personal. Pienso también que, muchas veces, este querer atender la subjetividad impide nuestra más profunda realización cuando se lo divorcia del llamado personal que el Señor nos hace a cada uno de nosotros. Dios no sólo nos llamó a la vida y a ser sus hijos. El Señor nos llama a colaborar en la misión salvífica de Jesucristo desde un lugar determinado. Es lo que llamamos la vocación específica de cada uno de nosotros. Muchas veces resolvemos nuestra vida sólo invocando una posible realización personal sin tener en cuenta el llamado de Dios, la existencia de los demás y la ley del amor, inscripta en nuestros corazones. O, también, confundimos el amor con un sentimiento de bienestar egoísta e intimista, divorciándolo del plan que Dios tiene para cada uno.

Somos seres vocacionados, llamados por Dios a participar de la misión de Jesucristo desde una vocación concreta. De la respuesta a ese llamado depende nuestra plena realización y, por eso, nuestra más profunda felicidad. Él modeló nuestra vida en el seno de nuestra madre y sabe, mejor que nosotros, lo que es bueno para cada uno en los diferentes momentos de nuestra existencia. En la segunda lectura de la misa de este domingo, Pablo dice: Y en mi oración pido que el amor de ustedes crezca cada vez más en el conocimiento y en la plena comprensión, a fin de que puedan discernir lo que es mejor. Discernir es siempre preguntarle al Señor qué es lo mejor en este momento concreto de nuestra vida. Es elegir el bien que Él quiere que realicemos.

Siempre, la figura de San Juan Bautista me pareció un símbolo de nuestra propia vida. No somos nosotros los salvadores. Sólo Jesucristo es el Salvador. Nosotros somos partícipes de su misión salvífica, allanando y preparando el camino para que otros puedan encontrar en Jesucristo el sentido de sus vidas.

Jesucristo no es en primer lugar una doctrina. Es una persona. Necesitamos intensificar el encuentro con Él para renovar todos los días sus llamados y apasionarnos por ser partícipes de su misión liberadora. Él mundo necesita, hoy más que nunca, la alegría y la paz que sólo una vida de Fe nos puede dar. Sólo podrá vivir el gozo de la Fe si nosotros anunciamos, como Juan Bautista, la llegada de la salvación a nuestras vidas, si preparamos los caminos para que nosotros y otros podamos encontrarnos con Jesús.

Un bendecido Adviento,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                                        125, 1-6

R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones. R.

Hasta los mismos paganos decían:
«¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!»
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría! R.

¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones. R.

El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas. R.