Comentario al Evangelio del XI domingo durante el año

XI domingo durante el año.

Ciclo  B

13 de junio de 2021

El sembrador-Vincent Van Gogh

El Sembrador. Vincent Van Gogh

La semilla es la palabra de Dios,
el sembrador es Cristo;
el que lo encuentra permanece para siempre. 

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos      4, 26-34 

    Jesús decía a la multitud:

    «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha».

    También decía: «¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra».

    Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo. 

Palabra del Señor

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

La llegada del Reino era la gran promesa que el pueblo de Israel esperaba con ansiedad. Había muchas interpretaciones sobre el mismo. Por eso, Jesús dedica mucho tiempo, en su predicación, a hablar de él. No se trata de una estructura meramente política; tampoco de un espacio territorial o limitado a una nación. El Reino se hace presente cuando los hombres nos disponemos a vivir la voluntad del Padre y dejamos que Jesucristo sea el Señor de nuestras vidas. Es el Reino de la filialidad y la fraternidad en Cristo, el Reino del amor y de la justicia, de la paz y de la alegría. Él se manifiesta plenamente en Jesús.

Luego de celebrar la última misa el fin de semana pasado en el que celebramos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, me quedé pensando y contemplando las palabras que el sacerdote pronuncia en el momento de la presentación de las ofrendas: Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos. También lo dice del vino: fruto de la vid y del trabajo del hombre. Del don de Dios, fruto de su inconmensurable generosidad, y del trabajo del hombre, se hacen presente el Cuerpo y la Sangre del Señor.

Esto mismo sucede con el Reino. Es un don de Dios que, para que se haga presente, implica siempre nuestro compromiso con él. Mirando nuestra tentación a la omnipotencia, hoy el Señor nos dice: la vida está toda en la semilla. El Reino tiene una fuerza propia. Es necesario poner el campo y plantar la semilla; disponernos a recibir la Palabra y a poner todos los talentos y capacidades que hemos recibido para esparcirla, pero ella tiene vida en sí misma. Una de nuestras grandes tentaciones es querer controlarlo todo, pensar que todo funciona por nuestra propia fuerza y energía. Muchas veces nos ponemos en lugar de Dios. Esto nos lleva a una sensación de cansancio y abatimiento. Esta parábola es una invitación a poner nuestra confianza en Dios y en la fuerza que su Palabra tiene. La vida de Dios está en medio nuestro y ella crece en el corazón de los hombres por su propia dinámica. Nos toca a nosotros acoger y contemplar la Palabra, dejarnos transformar por ella y comunicarla a un mundo tan necesitado de sentido de vida.

La parábola del grano de mostaza nos invita, a la vez, a evitar la tentación de la megalomanía, pensando que el Reino se manifiesta sólo en grandes proyectos, estructuras o construcciones deslumbrantes. El Reino comienza en lo pequeño y, por su propia fuerza, se hace grande en el corazón de los hombres y en las estructuras sociales. Es en lo íntimo y secreto de cada vínculo humano en donde el Reino se va gestando. Todos estamos invitados a participar de él. Él nos cobija a todos.

Si bien es cierto que en nuestro mundo existen una inmensa mayoría de personas que día tras día realizan el bien, cuidando a los otros y a la creación, con su esfuerzo cotidiano, es real también que, muchas veces, podemos sentirnos abatidos por tantos signos de violencia, confusión, injusticia y deshonestidad. La muerte, el encierro, el miedo y las pérdidas, frutos de esta pandemia, dejan en nosotros secuelas de desánimos y depresiones. Los discípulos de Jesús también pudieron verse desanimados ante un Reino que no llegaba y que tanto esperaban.

Contemplemos los brotes del Reino que ya están presentes en medio de nosotros. Renovemos nuestro encuentro con la promesa del Señor: un día el mal será definitivamente vencido y el Reino llegará a su plenitud. Vivamos la alegría de ser cobijo y sombra para una humanidad que muchas veces experimenta el cansancio del sin sentido, de la desesperanza y de la ausencia de amor. Aunque a veces podemos ver un triunfo temporal del mal, sabemos que ni el pecado ni el error, serán la última palabra de la historia. Dejemos que la Palabra de Dios ilumine y anime cada momento de nuestra vida.

Un bendecido domingo para todos,           

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

SALMO RESPONSORIAL                                         Sal 91, 2-3. 13-16
 
R. Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor,
y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre;
proclamar tu amor de madrugada,
y tu fidelidad en las vigilias de la noche. R.
 
El justo florecerá como la palmera,
crecerá como los cedros del Líbano:
trasplantado en la Casa del Señor,
florecerá en los atrios de nuestro Dios. R.
 
En la vejez seguirá dando frutos,
se mantendrá fresco y frondoso,
para proclamar qué justo es el Señor,
mi Roca, en quien no existe la maldad. R.