Comentario al Evangelio del II domingo de Adviento

II domingo de Adviento

CICLO B
6 de diciembre de 2020

Andrei Rublyov, San Juan Bautista.

Andrei Rublyov, San Juan Bautista.

¡Allanen los senderos del Señor! 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos           1, 1-8 

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.

Como está escrito en el libro del profeta Isaías:

      «Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti
      para prepararte el camino.
      Una voz grita en el desierto:
      Preparen el camino del Señor,
      allanen sus senderos,»

así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.» 

Palabra del Señor.

Muchas veces nos experimentamos saturados de malas noticias. En cambio, este evangelio, según san Marcos, nos dice, ya en el primer versículo: Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Esta expresión va más allá de señalar el inicio de su obra, marca una nueva etapa en la historia de la salvación: el Nuevo Testamento. El centro de esta Buena Noticia es Jesús, presentado como el Mesías, el hijo de Dios. Este enunciado, desarrollado durante todo el Evangelio de forma progresiva, al final, tendrá la confirmación del centurión romano que, al ver cómo Jesús muere, va a decir: «Realmente este hombre era Hijo de Dios»

Juan Bautista se presenta como el mensajero enviado a preparar el camino del Señor. Su forma de vestir y de alimentarse lo revelan como profeta, pero no es un profeta más. El pueblo estaba esperando a alguien que preparara la llegada del Mesías. Ya los profetas Malaquías e Isaías habían anunciado la presencia de alguien que cumpliría esta misión. Algunos hablaban de una nueva aparición de Elías. Juan Bautista es ese esperado «Elías» que vino a allanar el sendero para el encuentro con el Señor. Algunos lo confundieron con el Mesías; por eso, Marcos aclara esta situación: Juan sólo puede bautizar con agua (exteriormente); en cambio Jesús bautiza con el Espíritu Santo.

Juan invita a prepararse a la venida del Mesías, mediante la conversión. El pueblo acepta la invitación y va al desierto, confiesa sus pecados y quiere recibir este bautismo de conversión. El desierto les recuerda el lugar del encuentro con Dios y la fidelidad del mismo Dios. El desierto es el lugar del silencio, de la escucha, de la intemperie.

Esta pandemia nos puso en la intemperie, nos quitó nuestras seguridades, nuestros controles y defensas, mostró nuestra vulnerabilidad.

Sólo el que se desnuda de sus seguridades humanas, el que no pretende controlarlo todo y absolutamente, el que baja sus defensas, le da lugar a Dios para que entre en su vida y pueda vivir la alegría de la conversión.

La conversión consiste en esto precisamente: dejarlo entrar a Dios a nuestras vidas, pero no como un simple huésped sino como el amor absoluto que colma todas nuestras ansias de ser amados. Como el Señor de nuestras vidas, a quien le pertenecemos absolutamente porque somos obra de sus manos.

La conversión no significa, en primer lugar, un cambio moral. Convertirse es abrirle el corazón al único que puede cambiar nuestra vida, darle un nuevo sentido y llevarla por sendas de plena realización. Sólo cuando la Palabra de Dios, que es Jesucristo, toma cuenta de nuestra vida, sólo cuando nos dejamos conducir y animar por la fuerza de la Palabra podemos vivir cielos y tierras nuevas. Fuimos bautizados con el Espíritu Santo, somos seres habitados y animados por el Espíritu, convertirse es dejar que ese Espíritu ilumine todas nuestras decisiones y anime desde la raíz nuestra vida. La conversión es vivir todo desde Dios y para Dios. Es dejarse enamorar por el Señor y descansar en Él, sabiendo que todo sucede para el bien de los que Él ama.

Digámosle al Señor, en este tiempo de Adviento: ven, Señor Jesús, ven a mi vida y habítame en plenitud; que tu vida sea vida en mí. Adviento es tiempo de decirle al Señor que lo necesitamos y lo queremos, que sólo Él tiene palabras de Vida.

Un bendecido Adviento les desea,     

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                                       84, 9ab. 10-14

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Voy a proclamar lo que dice el Señor:
el Señor promete la paz para su pueblo y sus amigos.
Su salvación está muy cerca de sus fieles,
y la Gloria habitará en nuestra tierra. R.

El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;
 la Verdad brotará de la tierra
y la Justicia mirará desde el cielo. R.

El mismo Señor nos dará sus bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
La Justicia irá delante de él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.