Comentario al Evangelio de la Fiesta de todos los Santos

Fiesta de todos los Santos

CICLO A
1 de noviembre de 2020

Icono 4

Alégrense y regocíjense, porque tendrán una gran recompensa en el cielo

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo      4, 25 – 5, 12 

    Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de Transjordania.

    Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

    «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
    Felices los afligidos, porque serán consolados.
    Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
    Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
    Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
    Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
    Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
    Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
    Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
    Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Antes de partir de este mundo, Jesús le pide al Padre que nosotros tengamos el mismo gozo que él tiene y que ese gozo sea perfecto. Fuimos creados para ser felices. En toda persona hay un anhelo de felicidad. La pregunta es: dónde la encontramos, cómo ser felices.

Quizá podemos buscar la felicidad en poseer determinados bienes. Quizá, en hacer siempre lo que siento y quiero o en la satisfacción de determinados placeres corporales. Podemos buscarla en el éxito a toda costa o en responder a las expectativas de los otros sobre nosotros; en poseer títulos, cargos. No pocas veces la búsqueda de la felicidad nos lleva a querer ser o aparecer mejor que los demás, a una competencia cargada de celos, envidias o insatisfacciones por aquello que no llego a ser o tener.

Hoy Jesús nos muestra un camino de felicidad que no es otro que el camino del amor.

El que ama, experimenta su límite, valora al otro, se deja ayudar, se experimenta profundamente necesitado del amor de Dios, tiene alma de pobre.

Se deja afectar, afligir por el dolor del otro, supera la indiferencia. Escucha, consuela, se hace solidario. Felices los afligidos.

El que ama es paciente porque pone su confianza en el amor de Dios y en el poder de ese amor. Deja que Dios sea el señor de su vida y dirija los tiempos y la historia. No se pone en su lugar. Se entrega a sus brazos de padre y madre.

El que ama no se queda en el dolor de la ofensa o la indiferencia. Es misericordioso. Mira la miseria como el lugar de la redención en donde se manifiesta el verdadero amor. Perdona, ayuda a transformar el mal en bien, con la gracia de Dios. Vive la profunda libertad de no ser esclavo del mal recibido y de amar independientemente de la recompensa recibida.

Tiene ojos de fe, capaz de ver a Dios en todo y en todos. Es puro de corazón.

Intenta ser justo y trabaja por la justicia y la verdad porque quiere la paz. Esa paz que se mantiene en toda circunstancia de la vida sólo cuando nos experimentamos hijos amados de Dios.

Es feliz el que ama enfrentando los conflictos, la persecución, el insulto, con el corazón de Dios y la libertad del espíritu. Esa libertad que nos lleva amar al que nos hace daño. Esa libertad que sólo tiene aquel que sabe que para Dios nada es imposible y que siempre nos concede aquello que nos pide.

La felicidad más profunda se hace presente en nuestras vidas cuando recorremos el camino del amor porque fuimos creados a imagen y semejanza de un Dios que es amor. Ser santo es caminar hacia la perfección del amor. Ser santo es vivir en fidelidad a la voluntad de Dios poniendo en Él toda nuestra confianza.

Con el Papa San Pablo VI podemos decir: bendito este tiempo de la historia, tiempo tan complejo y difícil que nos lleva a la santidad. El santo no huye de la realidad, se compromete con la historia y el tiempo presente, vive inserto en lo cotidiano desde la gozosa amistad con Dios. Vive el tiempo como camino de eternidad.

El santo se sabe peregrino a un hogar definitivo en donde encontrará la plenitud de la felicidad; peregrina con Jesús, porque Él es el Camino que lleva a la Vida, la Verdad que nos hace libres. El santo recorre la vida pregustando con alegría lo que está por llegar, la plenitud del Reino del Amor.

Que los Santos del cielo nos ayuden a experimentar pasión por la santidad para que vivamos el sereno gozo que ninguna adversidad nos podrá quitar.

Un bendecido domingo les desea,   

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                                           Sal 23, 1-6

R. ¡Benditos los que buscan al Señor!

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque Él la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias y puro el corazón;
el que no rinde culto a los ídolos. R.

Él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.