Comentario al Evangelio del XXX domingo

XXX domingo durante el año

CICLO A
25 de octubre de 2020

Jesus 3

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo          22, 34-40 

    Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?»

    Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor.

La pregunta que le hace a Jesús este fariseo, doctor de la Ley, responde a la necesidad que tenían, los que querían ser fieles a la misma, de sintetizar su contenido, ya que esta contenía 613 mandamientos (365 prohibiciones y 248 obligaciones a ser realizadas). Conocer y practicar todos ellos era prácticamente imposible. Había que encontrar una síntesis que les permitiera su cumplimiento.

Jesús responde combinando y uniendo dos mandamientos: el del amor a Dios (Dt 6,4-5) y el del amor al prójimo (Lv 19,18). Los presenta como la síntesis de la ley y los profetas; es decir, de toda la Escritura. Todo lo revelado por Dios se resume en ello; todo otro mandamiento es una explicitación del único mandamiento del amor.

El amor a Dios es la raíz que alimenta el árbol del amor al prójimo. Dios es la fuente y el origen del amor; bebiendo de esa fuente podemos amar a los demás con su mismo amor. Sólo por amor a Dios amamos verdaderamente al hermano con libertad y gratuidad, no condicionados por las actitudes que los otros puedan tener. Hacemos el bien no esperando compensaciones sino como respuesta al amor a Dios, quien nos amó primero y nos ama infinitamente. Quien no funda su vida en un vínculo de amor con Dios, empieza a demandar a los demás que sean como Dios, comienzan a exigir una plenitud de amor que sólo Dios nos puede dar, tornándose, de esta manera, demandante de los otros.  Por otro lado, no es auténtico un amor a Dios que no se exprese en el amor a los hombres, los amados del Padre.

San Pablo enseña “Que la única deuda con los demás sea del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió la ley… . Por lo tanto, el amor es la plenitud de la ley”. (Rom 13,8-10). “Caminen en el amor (Ef. 5, 2). En el himno a la caridad (1 Cor 13), expresa que hasta podemos entregar nuestro cuerpo a las llamas, pero si no tengo amor de nada me sirve.

El amor no es un mandamiento que nos viene de afuera, está inscripto en nuestra naturaleza humana. Fuimos creados a imagen de Dios y Dios es amor.  Por eso sólo en el amor nuestra vida encuentra su pleno sentido.

Hoy en día, esta palabra amor, se usa de tal manera que expresa diferentes realidades, incluso, opuestas entre sí. Por eso, podemos preguntarnos qué nos dice la Escritura cuando nos habla de amor.  El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Deus Caritas est, nos ilumina sobre este tema. Nos señala dos dimensiones del amor, fundadas en expresiones bíblicas:

  • El amor de eros o de complacencia. Es el amor referido a gozar de la presencia del otro como un bien en nuestra vida. No amamos su utilidad sino el bien de su persona. Es el amor propio de los esposos, el amor que da inicio al camino de la amistad, el amor que nos mueve a encontrarnos espontáneamente con alguien y disfrutar su presencia. Dios nos ama con un amor de complacencia y nosotros, también, somos invitados a gozar de su presencia en nuestras vidas.
  • Una segunda dimensión, es el amor de ágape o de donación. Nuestra realización más profunda está en comprometer nuestra vida con el bien de los demás. Nuestro verdadero bien es el compromiso con el bien de cada persona que Dios pone en nuestro camino. Es la dimensión del perdón, del devolver bien por mal, de buscar para el otro el mismo bien que quiero para mí. Esta dimensión nos da la libertad de un amor no condicionado por la respuesta del otro o por la compensación recibida. Purifica el amor de toda forma de egoísmo y nos lleva a una experiencia fuerte de identificación con Jesús. Él entregó toda su vida por amor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Nosotros también, como el pueblo judío, podemos sentirnos, hoy especialmente, abatidos y confundidos ante la realidad que vivimos y el peso de muchos compromisos y tareas; muchas veces podemos experimentarnos dispersos en muchas cosas. El hacerlo todo por amor a Dios y a los hermanos, le da sentido y unidad a nuestra vida. El amor es el principio unificador de nuestra existencia.

Este tiempo, tan cargado de injusticias, violencias y exclusiones, nos invita a hacer del amor el motor de todo cambio social. La “nueva normalidad”, como se la llama, sólo será un espacio humanizante si nuestros vínculos se renuevan desde este mandamiento del amor, inscripto en nuestra naturaleza humana.

Un bendecido domingo les desea,             

Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                            Sal 17, 2-4. 47. 51ab

R. Yo te amo, Señor, mi fortaleza.

Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. R.

Mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos. R.

¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!
¡Glorificado sea el Dios de mi salvación.
Él concede grandes victorias a su rey
y trata con fidelidad a su Ungido. R.