Audio del comentario al Evangelio del III domingo de Cuaresma

15 de marzo                           III DOMINGO DE CUARESMA                                Jn,4

Audio del comentario al Evangelio

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: ‘Dame de beber’. Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”. Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber” tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva”. “Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?”. Jesús le respondió: “El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna”. “Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla”. Después agregó: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar”. Jesús le respondió: “Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén ustedes adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”. La mujer le dijo: “Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo”. Jesús le respondió: “Soy yo, el que habla contigo”. Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

Juan 4, 5-42

¡Cuánta sed hay en cada uno de nosotros! Todos tenemos hambre y sed de justicia, de paz, de mutuo respeto. En todo ser humano hay sed de aquello que lo realiza como persona, sed de felicidad. Todos tenemos sed de eternidad. 

En este pasaje, Jesús aparece profundamente humano: fatigado, se sienta a descansar. Con humildad, pide agua. Sólo cuando nos sentamos al lado del verdadero pozo, Jesucristo, podemos saciar nuestra sed interior. En Él está el sentido de nuestra vida. Toda la vida, con sus alegrías y tristezas, sus éxitos y fracasos, sus encuentros y sus pérdidas, cobra sentido en el encuentro con Jesucristo, la Palabra por la que fuimos creados, redimidos y convertido en hijos de Dios, llamados a vivir para siempre en la casa del Padre. 

La mujer deja el cántaro en el pozo, como si ya no lo necesitara. Ahora encontró el agua verdadera. 

CENTRO DE ESPIRITUALIDAD PALOTINA
Cuba 2981 CABA