Audio y texto del comentario al Evangelio

Audio del comentario al Evangelio

II domingo después de Navidad

5 de enero de 2020

Basílica Santa Sofía. Mosaico bizantino
Basílica Santa Sofía. Mosaico bizantino.

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan       1, 1-5. 9-14

Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la percibieron.
La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Este himno es conocido como el prólogo del Evangelio según san Juan. Posiblemente se trata de la adaptación de un himno rezado por la primitiva comunidad cristiana y que fue ubicado al inicio del Evangelio. En él se lo presenta al hijo de Dios como la Palabra hecha carne.

Qué haríamos los hombres si no tuviéramos palabras para expresarnos. Cuando decimos “palabra”, queremos señalar todo aquello con lo cual nos comunicamos: nuestros gestos y silencios, nuestras miradas y nuestras posturas, nuestra voz y nuestras escrituras, nuestros cantos y nuestras expresiones corporales. El arte y el pensamiento, el sentimiento y la emoción, nuestros afectos y nuestros disgustos, nuestras alegrías y tristezas se hacen visibles a través de la palabra. Con la palabra nos comunicamos a nosotros mismos; con la palabra nos hacemos presentes en la vida de los otros, con ella damos visibilidad a nuestra existencia.

Jesucristo es la Palabra porque en Él, el Padre nos manifiesta todo lo que tiene para comunicarnos. Él es la visibilidad de Dios al mundo, es la presencia viva de Dios en la vida de los hombres.

Esta Palabra es presencia de luz que viene a iluminar nuestras tinieblas, a manifestarnos el amor inconmensurable y desbordante del Padre. Nosotros vivimos, muchas veces, sumergidos en las tinieblas de nuestros miedos, de nuestras incertidumbres, de nuestros pecados. Necesitamos la luz que da sentido a todo lo que vivimos, la luz que ilumina y permite ordenar todo nuestro ser hacia su fin último: amar y servir al Señor, amar y sanar la humanidad herida.

Esta Palabra no sólo ilumina, es la Palabra que realiza en nosotros aquello que pronuncia. Si nuestra palabra puede ayudar a otros a encontrar la luz, puede animar, dar vida, reencender el entusiasmo. Si nuestra palabra tiene fuerza transformadora, puede construir o destruir, sanar o enfermar, ayudar a crecer o paralizar ¡Cuánto más la Palabra de Dios!

Ella sana nuestras heridas y nos mueve al perdón, nos pacifica y fortalece. Por ella el amor se hace carne en nuestra carne. Es la Palabra que nos convierte en hijas e hijos de Dios.

Necesitamos de esta Palabra para que cada día todo cobre sentido: el esfuerzo y el descanso, los momentos de dolor y alegría, la vida que llega y la vida que parte. Es la Palabra que purifica nuestra vida del pecado, que nos hace nuevos cada día, devolviéndonos el gozo de vivir en Dios.

A través de todas las palabras de la sagrada Escritura, Dios dice sólo una palabra, su Verbo único, Jesucristo «Recuerden que es una misma Palabra de Dios la que se extiende en todas las escrituras, que es un mismo Verbo que resuena en la boca de todos los escritores sagrados, el que, siendo al comienzo Dios junto a Dios, no necesita sílabas porque no está sometido al tiempo (San Agustín,  Enarratio in Psalmum, 103,4,1).

Un bendecido tiempo de Navidad para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                        Sal 147, 12-15. 19-20

R. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

El asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente. R.

Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos. R.