COMENTARIO AL EVANGELIO

IV DOMINGO DE PASCUA

Ciclo C
12 de mayo de 2019

Dice el Señor: Yo soy el buen Pastor:
conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí. 
Juan 10, 27-30. Icono ruso del siglo XIX
Icono ruso del S. XIX

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan           10, 27-30 

En aquel tiempo, Jesús dijo:

      «Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa.» 

Palabra del Señor

Queridas hermanas y queridos hermanos:

La imagen del pastor y las ovejas era muy cercana para los paisanos de Jesús. En el ambiente palestinense, como en tantos otros lugares, era común que a la hora de caer el sol, el pastor recogiera a las ovejas y las llevara al corral, a través de un sonido de voz que ellas reconocían. Estos recintos eran compartidos por varios rebaños. Por eso, de mañana, cada pastor gritaba con su seña y las ovejas que le pertenecían lo seguían a él. De ahí la comparación de Jesús cuando dice: Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.

Otro aspecto a tener en cuenta es que una oveja para un pastor era muy importante. Le dedicaba mucho tiempo y esfuerzo. Era, en gran parte, la garantía de su sustento. Cuando Jesús nos compara con las ovejas nos está diciendo lo valioso que somos para él.

Además de esta escena, propia del lugar, la figura del pastor y las ovejas recorre el Antiguo y Nuevo Testamento. El pueblo de Israel aplicaba el nombre de pastor a su rey, porque esperaba que cuidara al pueblo con la misma dedicación que los pastores a sus ovejas; que los protegiera de los enemigos y le garantizase el alimento y los cuidados necesarios. Israel hace la experiencia que ningún gobernante es totalmente un pastor. Ningún gobernante puede garantizar toda la felicidad de su pueblo por más honesto que sea; ni hablemos de los malos gobernantes. El pueblo de Israel, muchas veces, hizo la experiencia de tener gobernantes que sólo pensaban en sí mismos y se aprovechaban del pueblo, corruptos y violentos que utilizaban métodos injustos y egoístas. Leemos en Ezequiel capítulo 34,2: Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos…yo mismo cuidaré de mi rebaño. Israel invoca muchas veces a Dios que le envíe un auténtico pastor. Al fin, llega a la conclusión que sólo Dios es el auténtico pastor. Recordemos sólo el salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. 

A través de algunos de los profetas, el Señor les promete ser en persona ese pastor esperado. Leemos en Ezequiel 34,11.15-16: Así dice el Señor: Yo mismo en persona buscaré mis ovejas… Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré descansar –oráculo del Señor–. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas; vendaré a las heridas, sanaré a las enfermas, a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré, como es debido, siguiendo su rastro. Al declararse el buen pastor, Jesús manifiesta su identidad mesiánica. Él es ese pastor prometido por Dios para los tiempos mesiánicos, un pastor elegido por Él. Jesús es el pastor auténtico porque es una sola cosa con el Padre.

Esta es la buena noticia en este domingo: el Señor nos conoce. Conocer en la Biblia es entrar en la intimidad del otro, hacerse uno con el otro. Qué dura es la soledad cuando ésta nos aísla de los demás, cuando no encontramos a alguien que nos comprenda, cuando no salimos al encuentro del otro para generar vínculos de comunión y amistad. Jesús se hace uno con cada uno de nosotros. Él entra en nuestra soledad y la llena de su presencia. Y esta presencia se hace Palabra que le da sentido a nuestras vidas. Palabra que llenan nuestra soledad con la ternura y profundidad de su amor. Él es el verdadero pastor que nos cuida y provee nuestro alimento, el pastor que nos apacienta por verdes praderas. Cuando nosotros escuchamos su voz y lo seguimos recorremos siempre caminos de vida eterna. Una vida eterna que no sólo es prolongación en el tiempo sino vida con sentido, con significación, vida en el amor. Nadie nos podrá arrebatar de su mano.

Si bien, todos nosotros somos llamados a cuidar, con Jesús, la vida de nuestros hermanos, el Señor llama a algunos a asumir fuertemente esa misión de pastorear el pueblo de Dios. En este domingo, conocido como el del Buen Pastor, queremos agradecer a Dios por la entrega de nuestros pastores. También queremos pedirle por aquellos que viven su ministerio en situaciones de mayor dificultad. Queremos rogarle en este domingo que no falten en su Iglesia los pastores que nuestro pueblo necesita. Le pedimos al Señor que nuestros jóvenes puedan decidir siempre su vida, consultando la voluntad de Aquel que es el único que le puede dar sentido pleno a nuestra existencia: Jesucristo. Dios nos conceda la gracia a los adultos de poder ayudar a nuestros jóvenes a escuchar al Señor para que siguiendo la voz del Pastor, vivan su vida con el gozo y la plenitud que sólo nos da el ser fieles a su llamado, fieles a la vocación recibida.

Recordemos:

  • El Señor nos conoce y nos llama por nuestro nombre.
  • Él habita en nosotros y nosotros en Él.
  • Nos ama con amor eterno y nos conduce por caminos de vida eterna.

Recemos para que el Señor nos de pastores que tengan su mismo corazón.

Un bendecido tiempo pascual,

P.Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO                                                                              Sal 99, 1b-3. 5

R. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclame al Señor toda la tierra,
sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos. R.

Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones. R.