COMENTARIO AL EVANGELIO

CICLO C

17 de febrero de 2019

Tatal-nostru-Iisus-Hristos-600x339EVANGELIO Lc 6, 12-13. 17. 20-26

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de apóstoles. Al bajar con éstos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: “¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo! ¡De la misma manera, los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera, los padres de ellos trataban a los falsos profetas!

Palabra del Señor

 

Jesús ha pasado la noche entera en diálogo con el Padre, de eso se trata la oración, hablarle a Dios y escuchar lo que nos dice en la intimidad. Por lo que sigue en el relato evangélico, es de suponer que el Hijo ha consultado con el Padre, sobre a quienes debe elegir de entre los numerosos discípulos para constituirlos en apóstoles, es decir enviados.

Por lo que podemos apreciar éstos lo habían acompañado a la montaña, porque, luego de la elección bajan juntos. Y en el trayecto, al llegar a una llanura, muchos discípulos y una muchedumbre lo están esperando, luego de realizar curaciones Jesús pronuncia un largo discurso, del cual la primera parte conocemos como las “bienaventuranzas”, que se proclama este domingo, lo que sigue ocupará los próximos dos domingos.

            Jesús llama, felices, a los pobres, a los que tienen hambre, a los que lloran, a los que lleguen a pasar dificultades a causa de Él. Un paralelo de las bienaventuranzas lo encontramos en el evangelio según san Mateo que lo ha elaborado de un modo diferente, ya que lo ha llevado al plano espiritual hablando de “pobres de espíritu” y “hambre y sed de justicia” así como de ser “mansos y misericordiosos”. En cambio, Lucas lleva la enseñanza de Jesús a situaciones sociales, Jesús está en el medio de dos grupos bien definidos, los que la están pasando mal y los que la están pasando bien.

La expresión, que oímos en el salmo, “Feliz el hombre que…”, frecuente en los textos bíblicos, se utiliza para describir a quienes tienen condiciones que los hacen gratos a Dios, merecedores de la felicidad eterna. Entonces debemos entender que estas personas no son felices por estar en una situación “desgraciada” sino porque su situación va a cambiar, de una situación temporal, al opuesto que será eterno. Lo mismo dice para los que “la están pasando bien”, su situación va a cambiar, a las cuatro bienaventuranzas le corresponden cuatro lamentaciones, esa expresión “Ay…” es propia de los cantos fúnebres, de este modo está tratando a estas personas como muertos que están siendo llevados al cementerio, mientras que la primera situación es pasajera, esta segunda es definitiva.

Para comprender la enseñanza de este texto, debemos recurrir a otro pasaje del evangelista Lucas, la parábola del rico y el pobre lázaro, dónde uno es condenado al tormento por no haber sido capaz de compartir y el otro va al consuelo eterno porque nunca en su vida terrena fue consolado. Teniendo en cuenta toda la obra de san Lucas, vemos que esta situación de indigencia tiene una fecha de caducidad, el cambio se produce después de la resurrección, lo vemos en los Hechos de los apóstoles, dónde no había indigentes porque todo lo ponían en común. De donde podemos entender, que es en la comunidad dónde comienza a cumplirse la promesa de Jesús, aunque imperfectamente, y que llegará a su plenitud en el encuentro pleno con el Padre.

El Reino de Dios, que debemos pedir que venga, como lo hacemos en la oración del Padrenuestro, ya ha comenzado y en un momento será pleno. Como comunidad cristiana necesitamos dejarnos transformar continuamente por el Señor, para ver las personas que están padeciendo situaciones de desdicha y desde nuestras posibilidades colaborar para que cambien, nuestras acciones concretas deberían ser un reflejo de la bienaventuranza eterna.

Así podremos decir con el salmista: ¡Feliz el que pone en el Señor su confianza!

Un bendecido domingo para todos.

P. Rubén J. Fuhr SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 1, 1-4. 6

R ¡Feliz el que pone en el Señor su confianza!

¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de
los malvados, ni se detiene en el camino
de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace
en la ley del Señor y la medita de día y
de noche! R. 

Él es como un árbol plantado al borde de
las aguas, que produce fruto a su debido
tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan;
todo lo que haga le saldrá bien. R. 

No sucede así con los malvados: ellos son
como paja que se lleva el viento. Porque el
Señor cuida el camino de los justos, pero
el camino de los malvados termina mal. R.