COMENTARIO AL EVANGELIO

V  domingo durante el año

CICLO C

10 de febrero de 2019

La pesca milagrosa. Rafael Sanzio
La pesca milagrosa, Rafael Sanzio (1483 – 1520)

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.            5, 1-11

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí, vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante, serás pescador de hombres”. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor

 

Luego del episodio en la sinagoga de Nazaret, que contemplamos el domingo pasado, la liturgia nos lleva a las orillas del lago de Genesaret, también conocido como el mar de Galilea, omitiendo los versículos del capítulo anterior, dónde Jesús pasa por Cafarnaúm, enseña en la sinagoga, y realiza muchas curaciones, entre ellas la curación de la suegra de Pedro, y el episodio dónde al retirarse a un lugar desierto, salen todos a buscarlo y al encontrarlo les manifiesta que su misión es anunciar la Buena Noticia del Reino en las otras ciudades. Así el evangelista Lucas nos lleva al relato que se anuncia en este domingo.

Pedro ya lo conocía a Jesús, lo habrá escuchado muchas veces en Cafarnaúm, habrá sido testigo de la curación de su suegra, y de tantas otras que se dieron allí, tal vez por eso la confianza que demuestra el Maestro al subir a la barca de Pedro y pedirle que lo aleje un poco de la orilla, para utilizar esa barca como cátedra, probablemente el apóstol habrá escuchado las enseñanzas de Jesús mientras continuaba con su trabajo, limpiando las redes.

El evangelista, no nos da detalles de lo que Jesús enseñó en esa oportunidad, pero evidentemente lo que dijo ese día, y los anteriores, hizo con que Pedro, experto en la pesca, con todo respeto pero con mucha confianza, cuando Jesús le pide que navegue mar adentro y eche las redes, le dice que han trabajado toda la noche y no sacaron nada, es decir que habiendo echado las redes cuando se debe, no resultó, pero lo llama Maestro y luego: “si tú lo dices…” lo haré.

La obediencia del pescador experimentado, contra un pedido ilógico, lo llevó a contemplar una pesca como jamás vio, era tal la cantidad que temiendo hundirse deben pedir ayuda a los otros compañeros que están en la orilla.

El hecho extraordinario, lo lleva a Pedro a reconocer la grandeza de Jesús, el gesto de echarse a sus pies nos hace entender que lo descubre como verdadero Dios, y de llamarlo Maestro pasa a llamarlo Señor, y al mismo tiempo reconoce su propia indignidad para estar en su presencia, porque se ve pecador. Santiago y Juan, compañeros de Pedro aparecen en el final del relato, a ellos, les pasa lo mismo que a Simón.

Jesús parece no llevarle el apunte a lo que Pedro dice, y lo calma: “no temas”, al mismo tiempo que lo invita a seguir pescando, pero ya no en el agua del lago, sino entre los hombres, porque lo convoca a ser “pescador de hombres”, los tres experimentados pescadores, abandonaron la pesca, que hasta ese momento habrá sido la más grande de sus vidas, para seguir a Jesús.

De este modo, vemos la praxis de Jesús, primero predicó, y durante un buen tiempo, luego ayudó sanando, y un determinado día, fue al encuentro de los primeros discípulos, los buscó en el mundo dónde habitualmente estaban, y desde ahí los invitó a ser sus discípulos para prepararse para otra misión.

¡Qué fuerza tiene la persona de Jesús! ¡Qué fuerza tiene su palabra! Realiza lo que dice, además hizo que, estos hombres, que ahora que su tarea les resultó un éxito, no les importa abandonarla.

El relato de San Lucas nos enseña que cuanto más nos familiarizamos con Jesús, tanto más vemos nuestra pequeñez, y al mismo tiempo cuando tomamos conciencia de ello, Dios nos atrae más hacia sí, aunque nos parezca que un abismo nos separa, revelándonos cuál es nuestra misión. Pedro reconoció que el éxito no fue por mérito suyo, que fue obra del Señor.

Jesús nos sigue invitando a seguirlo, y este seguimiento de Cristo, significa imitarlo, es decir hacer nuestras sus palabras, apropiarnos de su manera de ser, por el bautismo somos otros Cristos en el mundo que nos toca vivir. Tomando conciencia de nuestro ser creaturas, limitadas, dejamos que Dios obre, sin apropiarnos de los “éxitos”, tal vez por eso Pedro no se quedó con nada de esa pesca, no le pertenecía, él fue un simple instrumento.

El Salmista expresa su alegría, y gratitud por la fidelidad del Señor.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 137, 1-5. 7-8 

R. Te cantaré, Señor, en presencia de los ángeles.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque has oído las palabras de mi boca.
Te cantaré en presencia de los ángeles
y me postraré ante tu santo templo. R

Daré gracias a tu nombre por tu amor y tu fidelidad.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma. R

Que los reyes de la tierra te bendigan,
al oír las palabras de tu boca,
y que canten los designios del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R

Tu derecha me salva.
El Señor lo hará todo por mí.
Tu amor es eterno, Señor,
¡no abandones la obra de tus manos! R