Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 14-21
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha consagrado por la unción.
Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres,
a anunciar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos,
a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor».
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír».
Jesús se revela como aquel que fue consagrado por la unción. Por eso, sus discípulos lo llaman el “Cristo”, el “Ungido”; y ellos mismos reciben el nombre de cristianos.
Como ungido de Dios es enviado a los sufrientes de la sociedad: los pobres, los cautivos y oprimidos, los ciegos; para hacer presente la Buena Noticia, anunciar la liberación y devolver la vista.
Este envío y unción del Señor, nos invitan a tres actitudes:
- A alabar a Dios por su misericordia hacia todo aquel que sufre.
- A reconocer nuestra necesidad de ser liberados e iluminados por la Buena Noticia.
- Reconocernos ungidos en el ungido, partícipes de su misión.
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Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres,
a anunciar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos,
a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor