COMENTARIO AL EVANGELIO

XXXII domingo durante el año

Ciclo B

11 de noviembre de 2018 

“Felices los que tienen alma de pobres,
porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”

El óbolo de la viuda-James Tissot 1886-1894
El óbolo de la viuda. James Tissot. 1886/1894

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos        12, 38-44 

    Jesús enseñaba a la multitud:

    «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad».

    Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.

    Entonces Él llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir». 

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Los escribas, o letrados, eran maestros de la ley; especializándose en ella, la enseñaban en las escuelas y en el templo. Usaban ropa que los diferenciaban de los demás. Solían sentarse al frente, en las ceremonias, para ser vistos por todos y ocupar los puestos más importantes en los banquetes. Eran meticulosos en el estudio de la ley y exigentes en su cumplimiento; por esto, eran respetados por el pueblo. Solían pertenecer al grupo de los fariseos.

Jesús les cuestiona tres actitudes: la vanidad, la injusticia y el fingimiento en sus oraciones.

Jesús, luego de esta enseñanza, se sienta frente a la sala del tesoro. Es el lugar de las ofrendas. Algunas de ellas eran limosnas para el culto o el sostenimiento del lugar; otras, eran para el cumplimiento de lo estipulado por algún pecado o para alguna purificación.

Él observa el comportamiento de la gente. De esa mirada, saca sabiduría. Ve a ricos que dan en abundancia.  Al ver a esa pobre viuda que pone apenas dos monedas de cobre, pero que es lo único que tiene, Jesús dice: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir». Estas son sus últimas palabras pronunciadas, en el templo, antes de morir. Es muy fuerte la escena: dio todo lo que tenía para vivir.

El templo se había convertido en un lugar de hipocresía y fariseísmo, de opresión (se les exigía grandes donaciones a los más pobres) y de mentalidad mercantilista; a través de sacrificios de animales y ofrendas de dinero, se pretendía comprar la salvación. Era también el lugar en donde el pueblo simple, religioso, peregrinaba para presentar su gratitud y alabanza a Dios. Lugar de comunión y ofrenda, de oración filial y celebración. Está escrito, dijo Jesús en relación con el templo, mi casa será casa de oración para todas las naciones; en cambio ustedes la han convertido en cueva de asaltantes.

En este Evangelio, nos encontramos con dos maneras diferentes de construir nuestra vida:

Por un lado, los escribas que centraban sus vidas en ser reconocidos por los otros, en ser considerados importantes y buenos religiosos; indiferentes ante el dolor de los demás (devoraban los bienes de los más pobres). Legalistas para enseñar e injustos con los más pobres. Este legalismo y esta vanidad los llevaba a tener que vivir fingiendo, poniéndose una máscara para mostrar algo que no eran. Pienso que sufrirían mucha soledad. Esclavos permanentes de su imagen, habrán experimentado el vacío existencial, propio del egoísta. Quizá tenían muchos bienes, pero les faltaba el más importante.

Por otro lado, una mujer muy débil, pobre, viuda, pero que fue capaz de darlo todo. Había comprendido que el bien mayor es Dios y que a Dios se lo encuentra en la entrega radical de la vida. No estaba centrada en buscar aplausos, reconocimiento; la generosidad le brotaba desde lo más profundo de su corazón. Quizá no conocería los más de seiscientos preceptos de la ley, pero había encontrado el auténtico tesoro, ese que no nos será quitado. Si lo dio todo es porque confiaba plenamente en la providencia de Dios.  Había entendido las palabras pronunciadas en la primera lectura de este domingo ante la viuda a la que Elías le pidió que entregase todo lo que tenía para comer, ella y su hijo: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se vaciará (1 Re 17, 8-16). Pienso en la viuda y me viene a la memoria las palabras de Jesús: busquen el Reino (el del amor y la justicia, el de la verdad y la paz) que todo lo demás se les dará por añadidura.

Hoy somos invitados a valorar la entrega generosa de mucha gente que lo da todo sin buscar aplausos, recompensas u honores. Son los verdaderos pobres que encontraron en Dios toda su riqueza.

Hoy nos podemos preguntar, qué significa en este momento de nuestra vida darle todo al Señor. Hacer de toda nuestra vida una ofrenda agradable a Él. Poner nuestros bienes materiales, nuestra salud, nuestras capacidades y talentos, nuestro tiempo, al servicio de los demás; amando al Señor en todo y en todas las personas. Es dando la vida que se la gana. Entregar y entregarnos es experimentar la más honda de las libertades y la felicidad más plena, la que nos da el amor según Jesús.

Al preguntarnos esto, recordemos lo que Jesús nos decía algunos domingos anteriores: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible».

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

  

SALMO RESPONSORIAL                                               Sal 145, 6c-10

R. ¡Alaba al Señor, alma mía!

El Señor mantiene su fidelidad para siempre,
hace justicia a los oprimidos
y da pan a los hambrientos.
El Señor libera a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos de los ciegos
y endereza a los que están encorvados.
El Señor ama a los justos
y protege a los extranjeros. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y entorpece el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones. R.