XXIX DOMINGO DURANTE EL AÑO

Mc 10,42-45

Jesús dijo a sus discípulos:

    Ustedes saben que aquéllos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud. 

Los gobernantes y poderosos utilizan el poder para dominar. La propuesta de Jesús es poner nuestro poder en actitud de servicio. La autoridad, en la comunidad cristiana, no se funda en dominar a los demás o en obtener privilegios, sino en servir a los hermanos.

Servir es poner nuestros dones y carismas al servicio de los demás. Dar lo que tenemos y sobre todo, lo que somos, donar nuestra existencia. Servir es algo más aun, implica alimentar vínculos de fraternidad; sin hacer del otro un objeto que recibe. Servir es comprometernos con el bien del otro; es compromiso con el bien de aquellos que no nos hacen bien o incluso nos hacen mal. Servir como Jesús es no reclamar recompensas o compensaciones, sabiendo que la recompensa está en el mismo servir, encontrando en ello el sentido más profundo de nuestra vida y la verdadera libertad. Es libre el que no se deja condicionar por la respuesta recibida.

El servicio es camino de vida. No es un imperativo categórico, moral; no nos viene como una ley externa a nosotros. Fuimos creados a imagen de Jesús que no vino para ser servido, sino para servir. El hijo del Hombre vivió el servicio como lo englobante de su vida hasta el punto de que lo lleva a dar la vida como rescate de todos. Vivió para servir. Y en el momento del servicio pleno, total, donde lo entrega todo, encuentra la vida, la resurrección.

El servicio ordena nuestra vida, le da un núcleo unificador, un eje central. En la actitud de servicio convergen nuestras actividades, nuestra oración, nuestra celebración, nuestro descanso. Vivimos para servir.

El que ambiciona crecer en el servicio, encuentra el camino verdadero de la Vida, el sentido mismo de la existencia.

UN BENDECIDO DOMINGO, DÍA DEL SEÑOR

Marcos 10, 35-45