XXI DOMINGO DURANTE EL AÑO

Jn 6, 51-59

    Después de escuchar la enseñanza de Jesús, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?»

    Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?

El Espíritu es el que da Vida,
la carne de nada sirve.
Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.

    Pero hay entre ustedes algunos que no creen».

    En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.

    Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».

    Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de Él y dejaron de acompañarlo.

    Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?»

    Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».

Se produce una crisis en los discípulos. Algunos deciden abandonarlo. La fe es un don de Dios que tiene que madurar en cada uno de nosotros. Las crisis nos hacen crecer en la fe.

Hay momentos en la vida en donde no es fácil comprenderlo a Dios, hay situaciones que enfrentamos y que no se resuelven como nosotros queremos o deseamos. Es ahí cuando nuestra fe entra en crisis. Dios es misterio no porque es oscuridad sino porque es una luz tan grande que no podemos comprenderla nunca en plenitud. Hay acontecimientos en la vida que sólo podemos vivirlos desde la confianza plena en su amor y en donde no encontramos explicación racional. Hay opciones del Maestro que no entran en nuestra lógica, revelaciones que no podemos comprender. La fe no es tener todo claro, explicarlo todo, vivir en la plena luz. Romano Guardini decía: Fe es tener suficiente luz como para soportar las oscuridades.

Maduramos en la fe cuando podemos responder con Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».

UN BENDECIDO DOMINGO, DÍA DEL SEÑOR

Juan 6, 68