COMENTARIO AL EVANGELIO

XXI domingo durante el año

CICLO B

26 de agosto de 2018 

Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida.
Tú tienes palabras de Vida eterna.

La orden de Jesús a Pedro-Pedro Pablo Rubens.png
La orden de Jesús a Pedro. Pedro Pablo Rubens

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan            6, 60-69 

    Después de escuchar la enseñanza de Jesús, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?»

    Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?

El Espíritu es el que da Vida,
la carne de nada sirve.
Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.

Pero hay entre ustedes algunos que no creen».

    En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.

    Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».

    Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de Él y dejaron de acompañarlo.

    Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?»

    Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios». 

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Las palabras de Jesús escandalizan a sus oyentes. Lo hemos escuchado en los dos domingos anteriores.  ¿Cómo este hombre pude decir que viene del cielo si nosotros conocemos a sus padres y a su familia? ¿Cómo nos puede dar de comer su misma carne? «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?»

Se produce una crisis en ellos. Algunos deciden abandonarlo. Jesús respeta su decisión e incluso les pregunta a los más cercanos, a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?»

Como decíamos en los domingos anteriores, la fe es un don de Dios. «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede»

Ese don tiene que madurar en cada uno de nosotros. Las crisis nos hacen crecer en la fe.

Cuando todo resulta como nosotros queremos, cuando experimentamos la cercanía y ayuda del Señor, cuando podemos probar o experimentar sensiblemente aquello que Él nos dice, es fácil seguirlo. Mientras su mensaje no contradice nuestra lógica y nuestros deseos, no encontramos ninguna dificultad en ser discípulos.

Hay momentos en la vida en donde no es fácil comprenderlo a Dios, hay situaciones que enfrentamos y que no se resuelven como nosotros queremos o deseamos. Es ahí cuando nuestra fe entra en crisis.

Dios es misterio no porque es oscuridad sino porque es una luz tan grande que no podemos comprenderla nunca en plenitud. Hay acontecimientos en la vida que sólo podemos vivirlos desde la confianza plena en su amor y en donde no encontramos explicación racional. Hay opciones del Maestro que no entran en nuestra lógica, revelaciones que no podemos comprender. La fe no es tener todo claro, explicarlo todo, vivir en la plena luz. Romano Guardini decía: Fe es tener suficiente luz como para soportar las oscuridades.

Maduramos en la fe cuando no comprendiendo lo que nos sucede o aquello que Dios nos dice podemos responder con Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».

Pedro habla en plural, manifestando la fe apostólica, la fe de la Iglesia. Una Iglesia con sus traiciones al maestro. Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Pero una Iglesia animada por el Espíritu Santo, cuerpo de Cristo y glorificada por el Padre. Una Iglesia pobre, débil y pecadora pero purificada y enriquecida por el don de la Fe que el Espíritu Santo le comunica. El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.

Quizá una de las grandes tentaciones de nuestro tiempo es hacerlo a Dios a nuestra imagen y semejanza. Lo concebimos desde nuestra subjetividad y hasta como proyección de nuestros deseos y sentimientos. No lo aceptamos como alguien diferente a nosotros, alguien que nos supera absolutamente en sabiduría y amor, autor de nuestra vida, dador de toda vida, fuente de toda verdad, origen de la creación.

La fe que nos regala el Espíritu, proclamada por Jesús, es la obra de Dios en nuestra vida que nos invita a un abandono total en las manos del Padre.

En la anunciación vemos como María no podía comprender lo que Dios le pedía. El anuncio superaba toda posibilidad humana de comprensión: ¡ser madre sin haber tenido relaciones con ningún hombre y nada menos que como obra del Espíritu Santo! María interroga, dialoga con la Palabra. Al fin termina aceptando en la fe lo que Dios le pide: Que se cumpla en mí según has dicho. María acepta aquello que supera la lógica humana porque es mujer de Fe: Feliz de ti porque has creído en la promesa del Señor. No entiende, pero sabe que Dios es fiel hasta el final y se abandona a sus designios.

Pedro y los discípulos, al haber convivido con el Señor, experimentaron que en Él está la vida y la vida eterna; por eso, permanecieron aún con sus oscuridades, debilidades, negaciones y miedos. Se abandonaron al misterio de amor y se dejaron conducir por él. Permanecer en Él en los momentos de crisis de Fe, madura nuestra Fe. Sólo un vínculo cotidiano y creciente con el Señor nos permite entrar en su misterio y seguirlo incondicionalmente. Conocer a Jesús, entrar en su intimidad y dejar que él entre en la mía, descubrirlo como la fuente de la vida, nos permite ponernos incondicionalmente en sus manos y dejar que Él sea la Verdad que nos ilumine y anime en el camino de la vida.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                          Sal 33, 2-3. 16-23

R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Los ojos del Señor miran al justo
y sus oídos escuchan su clamor;
pero el Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra. R.

Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.
El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos. R.

El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos.
Él cuida todos sus huesos,
no se quebrará ni uno solo. R.

La maldad hará morir al malvado,
y los que odian al justo serán castigados;
pero el Señor rescata a sus servidores,
y los que se refugian en Él no serán castigados. R.